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miércoles, 18 de enero de 2017

Amor

Clara ha conocido de amores.

El primero.
Un amor con precios y silencios,
con sacrificios y castigos,
con condiciones y nociones.
Un amor que por encima de todo
prioriza la atadura.
Tuvo como ejemplo a Cristo y su madre.

El segundo.
Un amor que libera y no amarra,
que potencia la voz y los gritos,
que construye horizontes enmarcando la vida.
Un amor incondicional a la diversidad
defiende la vida en todas sus variaciones.
Lo sintió en su amiga, la feminista.
En la sonrisa de las mujeres en las fogatas.
Lo sintió en ella misma entre hilos y espejos.
Y ahora lo pinta en una pared.


A oído de otros que 
resultan ser versiones del primero.
Se quedo con el segundo
porque así es más feliz. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

¿Tres niñas de Guatemala?

Esa niña tenía seis años. Era de Guatemala y no moriría de amor, pero el corazón le latía como si intentara salir de entre sus costillas.  Era pánico, era terror.  No lo sentía, lo era. Oraba para que la catástrofe no llegara, para que no se hiciera pobre, ni ella ni su familia; ni ahora, ni nunca.  Porque de ser pobre, sería india.

La misma noche, otra niña a sus doce años oraba para evitar la catástrofe que temía.  Ella también era terror y pánico, pues tampoco lo sentía, lo era.  Él volvería con su mujer y ella no moriría de amor, pero sentía un deseo extraño y profundo, que se volvía culpa y temor.  Entonces oraba para que no llegara la catástrofre, para que no se hiciera lesbiana por ese deseo, ni por ese beso. Porque de ser lesbiana, sería puta.

A la noche siguiente, otra niña de ocho años. Sin ramos de lirios, sin orlas de reseda, y sin jazmín, no moriría de amor, pero soñaría terribles pesadillas en las que su cuarto se llenaba de humo, un humo verde que, aunque le provocaba carcajadas, le hacía sentir naúsea y terror. Despertó y se castigó porque sabía lo que soñaba, sabía lo que deseaba.  Como castigo se impuso la oración.  Oraba para que ese humo alucinógeno no llegara nunca a su corazón, ni al de su hermana menor.  Porque si un día fumara, sería ladrona.

De aquella niña ladina, no cambiarían nunca sus rasgos físicos, ni su identidad cultural.  No llegaría a ser "india", ni usando un traje diferente, ni viviendo en otro lugar.  Lo que sí cambiaría sería ese prejuicio que llegó de repente, quién sabe de dónde, de que la pobreza es una cuestión de "raza" o de "cultura".

Ni al tener sexo con su novio, ni al tener sexo con su novia, la otra niña, llegaría a ser "puta".  Ni realizando las aventuras sexuales que fantaseaba, ni teniendo más sexo del que quería.  Lo que sí llegaría a ser es una mujer transgresora, que aprendió a desoír el que dirán, a desoír a familia, amistades y ciencias.

Del mismo modo, ni fumando mota, ni probando tachas, ni viajando con drogas virtuales, se haría "ladrona" la tercera.  A lo más que llegará es a subir el precio de sus pasteles y galletas (mágicas) según el lugar en que los venda, pero eso no es robar.




lunes, 21 de abril de 2014

Hasta Conocer al León de Judah -Parte 3-

Mientras bailaban, Kahina no pudo evitar tocarle los hombros, los brazos, las manos. Era la primera vez que tocaba a un hombre sin que éste fuera su padre, su hermano o el maestro. Resultaba excitante y le provocaba adrenalina el hecho de tenerlo tan cerca. Mientras Kahina alucinaba y soñaba despierta con su vecino, vio como el movió la boca e inmediatamente asumió que el le había hablado y ella por estar fantaseando con el, no le escuchó. "¿Qué dices?" -Le preguntó apenada. "Que tu eres Kahina ¿verdad?" -Le repitió su vecino. Ella asintió con la cabeza e inmediatamente se sintió avergonzada de no saber su nombre. Kahina estaba petrificada en su mente pero su cuerpo seguía el ritmo de la música. "Yo me llamo Aashiq" -Dijo su vecino riéndose, ya que sabía que no había forma que Kahina supiera su nombre teniendo un esposo como Aaghad. "Siempre te había visto, pero nunca me había atrevido a hablarte." -Continuaba Aashiq. Kahina pensó que debía decir algo. No podía permitir que Aashiq pensara que ella era tonta, y dijo lo primero que se le vino a la mente "Yo también siempre te había visto, pero mi..." -Suscitó un momento antes de decir la palabra "esposo" debido a lo que sentía por Aashiq, pero después sintió culpa y le dijo la verdad. De igual forma ¿no era obvio que ella ya había sido tomada? Así que continuó "pero mi esposo no me dejaba hacer muchas cosas" -concluyó. "¿Dejaba? ¿pasado?" -le cuestiono Aashiq. "He decidido marcharme" -contestó asertivamente la joven muchacha. "Ya no podía seguir viviendo de la forma en que vivía, estoy segura que alguna vez viste como me... como me..." "No es necesario" -interrumpió Aashiq. "Me siento un poco mal de decirte esto, pero me llena de alegría que lo hayas hecho. Aaghaa es el típico hombre que piensa que puede hacer lo que se le de la gana con las mujeres" -afirmaba. Kahina no podía creer lo que escuchaba de la boca de Aashiq ¿en realidad un hombre podía pensar así? Si, si podía aparentemente. Cuando la música dejó de sonar ambos pensaron que no podía ser el final del baile. Se miraron fijamente. Aashiq sabía que Kahina jamás daría el primer paso. Se acercó a ella y la beso. Kahina no sabía lo que estaba pasando, pero ese 14 de agosto había sido su primer beso. Semanas después ella recordaría como había sido la forma tierna y sensual en que había visto sus ojos y luego como canicas rodando, sus ojos se dirigieron a su boca. Cómo la tomó de la mandíbula izquierda con su masculina mano derecha y se acercó para topar sus labios con los suyos, no si antes humedecerlos un poco. 

Ese mágico y monumental 14 de agosto le dio un nuevo giro a su viaje; un giro que se daría cuenta más adelante. "Disculpa si te he ofendido" -dijo Aashiq con la sonrisa escondida. "De ofensa no he experimentado nada" -respondió Kahina con la sonrisa no tan oculta. Caminaron juntos por la casi calle principal platicando de tonterías y no tan tonterías. A Kahina ya no le preocupaba parecer inteligente frente a el. Estaba cómoda. Las horas pasaron y la luz del día se despedía en un paupérrimo atardecer. "Amante" -le dijo espontáneamente a Aashiq. "¿Eso significa tu nombre verdad? en algún lugar lo escuché. Es hermoso." -dijo sonriente Kahina. Se quedó pensativa algunos minutos. Minutos que recalcaban una verdad inevitable para ella. Las conclusiones eran determinantes. Cuando estaba a punto de expresarle sus pensamientos a su compañero, éste le dice: "Guerrera". Unos segundos de pausa. "¿Cómo dices?" -Le preguntó Kahina como si esa palabra le hubiera penetrado en el pensamiento borrando todo lo que había pensando hace unos segundos. "Guerrera significa tu nombre ¿no lo sabías?". Todo tenía sentido ahora. Desde que nació ya era una guerrera y una guerrera lucha a pesar de los lamentos de su ambiente. Las ideas que rondaban su mente antes que Aashiq dulcemente la interrumpiera inundaron nuevamente su mente. Aashiq era un amante y ella una guerrera; tenía que seguir luchando para poder estar con un verdadero amante y no con uno que se hiciera llamar el maestro. Un juego de palabras que surgió de sus nombres pero hacía mucho sentido para ella. "Aashiq, tengo que seguir mi viaje, tengo que seguir luchando". -decía Kahina con indicios de lágrimas en los ojos. "Yo te entiendo" -con tristeza le contestaba Aashiq. "Sigue, guerrera." 

Así se levantó Kahina y sacó un trozo de papel y con su lápiz le escribió un poema que se sabía de memoria gracia a su madre llamado Viaje que pertenecía al primer Nobel de literatura africano y negro Wole Soyinka:

VIAJE
Aunque llegué al final del viaje,
Jamás sentí que hubiera llegado.
Tomé la carretera
Que sube despacio la cuesta de las preguntas, y que me lleva
Incluso a descender a la tierra que conduce a casa. Yo sé
Que mi carne está limpiamente mordisqueada, perdida
Para el perturbado pez entre las vainas susurrantes-
Yo los dejé atrás en mi ruta.

Y así también con el pan y el vino
Necesito la repartición de derrota y carestía
Yo los dejé atrás en mi ruta
Jamás sentí que hubiera llegado
Aunque amor y bienvenida me atrapan en casa
Los usurpadores pasan mi copa en cada
banquete como en una última cena.

Se lo dejó en las manos y empezó a caminar. Aashiq la tomó suavemente de la mano para darle otro papel que llevaba desde que la vio partir de casa. De alguna forma sabía que ese momento llegaría; el momento de darle ese papel. El sabía que Kahina era una guerrera y que su viaje no podía concluir con él. Aashiq sabía que esta nueva Kahina que percibió desde que la vio salir a escondidas de Aaghaa sería un regalo para el mundo y que retenerla con aquella excusa del amor, sería el acto más egoísta de su vida. 

Aquí estaré si regresas.

Decía el papel.




jueves, 3 de abril de 2014

Hasta Conocer al León de Judah - Parte 2

Hasta Conocer al León de Judah
Parte 2

En una muy pequeña bolsa llevaba algunas cosas que le pudieran servir. Un lápiz, hojas de papel que le había robado a Aaghaa, una toalla, fósforos y un cuchillo. No sabía hacia dónde iba, pero empezó a caminar. “No puede ser muy distinto a lo que ya sé hacer; caminar sin saber a dónde” –pensó.

Caminaba presurosa cuando, de repente, vio a su vecino del otro lado de la calle. Le dio mucho miedo quedarse para saludarlo. Si bien era obvio que los dos guardaban deseos de hablarse, e incluso, de tocarse, no podía arriesgarse a cuestionar la tradición de los hombres, que seguramente le habían inculcado a su vecino también, en procurar que las mujeres se guarden para sus maridos y por ende, decirle a Aaghaa que me había visto huyendo. Así que sacó un trozo de papel y su lápiz para escribirle una pequeña nota. Kahina sabía que él la observaba. Cuando quiso empezar se dio cuenta que no sabía su nombre. “Querido…” nunca le había preguntado. Así que lo tachó y empezó a escribir sin la debida introducción que estaba segura que llevaban las cartas de amor, aunque recordó que no todas debían de empezar así, como lo había leído de pequeña de un tal Becquer.

<Se preguntarán cómo una mujer como Kahina sabe leer y escribir. De niña su madre le enseñaba a leer y a escribir a escondidas de su padre. Se encerraban en el baño por lo menos 15 minutos al día para indagar en los libros que de alguna forma su madre había conseguido guardar de su padre. Entre su literatura, las cartas de Becquer que un gringo había decidido dárselas sólo porque pensó que estaba haciendo su obra del día, y de repente, quería un poco de sexo. La mamá de Kahina había aprendido de su abuela. Era una aparente tradición que las madres les habían enseñado a sus hijas con tal de que alguna se atreviera a hacer algo, pero ninguna lo había hecho, hasta ahora. Ese gringo jamás se imaginó que esas cartas llegarían una generación después para declarar amor de la forma más cotidianamente rápida.>

“La cárcel de mi cuerpo me mantenía en cautiverio, pero el paraíso de mi mente me mantenía libre. Tu estabas en ese paraíso que me mantenía hirviendo por dentro y hoy, me libera completa.” Tiró el papel y salió corriendo sin saber si su vecino captaría la idea que era para el.
Salió de su kebele y otra vez un sentimiento agridulce invadió su corazón; estaba feliz por dejar la vida que la acomplejaba, pero estaba triste por dejar la vida que la había hecho reaccionar en querer salir de ella.


La contrastada vida de Kahina empezó en Gambela, un Estado de Etiopía. En Gambela, desafortunadamente para ella y para muchas más, hay más hombres que mujeres. Podría haber 1,5 hombres por cada mujer, pero a Kahina le había tocado a Aaghaa. Su grupo étnico son los Nuer, que se dedican al ganado y a la agricultura principalmente. Kahina nunca había aprendido a trabajar lo que los de su etnia hacían porque Aaghaa la dejaba en la casa sin poder salir. Así que ella sabía poco o nada de subsistir sin un hombre a su lado. “¿En qué estaba pensando al irme de mi casa sin saber qué hacer?” –pensó. De todas formas ya era muy tarde para regresar ya que seguramente Aaghaa se había dado cuenta que no estaba y ya la estaba furiosamente buscando. Su sudorosa piel le indicaba que ya había caminado bastante. “Ya no debo de estar Gambela” –pensó, y en efecto, se encontraba en Adis Adeba, una de las ciudades más importantes de Etiopía. Sacó su pequeña toalla de su bolsa y se secó la frente por todo el sudor que el escurría. Caminando por la calle principal, se encontró con un grupo de danzantes y músicos. Estaban amenizando con un Ethio-jazz. Si algo había aprendido a hacer Kahina cuando Aaghaa la dejaba sola, era bailar. Sin pensarlo dos veces empezó a bailar con el grupo moviendo los hombros y la cabeza que es una de las formas de baile tradicional en Etiopía. Hacía sonidos con la boca y jamás se recordó que había caminado por kilómetros para llegar allí; no estaba cansada. Cuando más extasiada estaba de ver la libertad de las mujeres al bailar en esa gran ciudad se dio cuenta que allí estaba él. La observaba fijamente como asombrado de verla bailar de la forma en que lo hacía. Inmóvil, no sabía que hacer. No sabía si correr o meterse entre la gente. Allí estaba su vecino. Ambos se vieron fijamente sin saber qué hacer. Segundos después su vecino se acercó a ella y le mostró el papel que Kahina había tirado al suelo cuando todavía estaba en Gambela. Su corazón palpitó tan fuerte que se avergonzó de pensar que el los podía escuchar. “¿Esto era para mi?” –le preguntó su vecino. “Si”, -contestó Kahina con el corazón en la mano y con la música en el cuerpo. Entonces empezaron a bailar juntos y al fin, se tocaron.

lunes, 10 de febrero de 2014

Febrero: La Pareja

Digamos que uno quiere ponerse contra el sistema y abolir esas celebraciones absurdas... y deja de celebrarlas. Pero luego uno se pregunta ¿cambia algo? Pongamos que uno se responde "Sí, efectivamente cambia algo" -pensando optimista - "al menos cambio yo".  Sin embargo, cuando uno quiere que cambien algunas cosas más, dejar alguna idea más... proponer acciones distintas.

Ahora pues, que el ciclo mercantil del año (¿será esa la mano indivisible, digo, invisible, del mercader, digo del mercado?) nos lleva a "hablar del cariño y del amor", me propongo dejar una distinta del amor.  Idea que no es mía, traigo un poema de  Luis de Lión:

"La Pareja".

Nuestro amor es altamente subversivo
porque ni yo soy más que ti
ni para ti tú eres menos...
y aún en los momentos de la más profunda intimidad
cuando sentimos que el tiempo se detiene:
yo no soy tu opresor
tú no eres mi oprimida.

Nuestro amor es tan subversivo
que cualquiera de estos días
podrían enterrarnos
como la pareja xx.

domingo, 26 de enero de 2014

Intimidades Ajenas (y propias)

Un amigo me dijo que "eso de escribir es muy íntimo" para explicarme por qué no le gusta(ba) publicar lo que ha escrito.  Por eso, este texto originalmente llevaba el título "Es que eso de escribir es muy íntimo".  Cuando tuvimos aquella conversación mi diario llevaba meses en blanco... ahora lleva sólo semanas, pero bueno, será otra entrada sobre el diario.  Ahora les dejo este texto cuya datación aparece más abajo:

Imagínense cuánto más será eso de cantar, bueno, si se trata de cantar las canciones propias.  Y bueno, afortunadamente habemos algunos exhibicionistas que nos animamos a mostrarnos.  Dice Freud que para afirmar-nos que somos o tenemos, tal vez que no somos los únicos que somos y tenemos y buscamos que alguien más se identifique con nosotros.  Pero mire usté, hace como un año que me da miedo mostrarme, escribiendo, pintando o cantando.  Y eso que casi nunca es de mí.  Generalmente se trata de una canción que alguien más escribió, una pintura que nadie ha visto (ni verá), o contando la historia de algún amigo, esos que viven todo lo que no nos animamos a reconocer que vivimos.

Me agarro, pues, ahora, de la mano de uno de esos exhibicionistas que nos deja ver en sus historias un poco de nosotros, como él espera, y mucho de él (como él sabe).

Alguna vez vi un libro sobre él que se titula: Joaquín Sabina, disculpen la tristeza. Es que Joaquín escribe con el corazón herido y canta cuando le duele la voz.  Me dejo llevar por la música de fondo (claro, Sabina) para interrumpir mi escritura por algunos de sus versos.  Y empiezo por decir que sus canciones hablan de tres temas: el desamor –con todos sus dolores y formas-, los vicios –con todas sus consecuencias- y el gran Amor –con todas sus ganas-. 

Sobre el desamor puedo citar: “El agua apaga el fuego y al ardor los años, amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño. Y cada vez peor y cada vez más rotos, y cada vez más tú y cada vez más yo y menos de nosotros.”
Y aún más: “Puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo…”

Habla de vicios, por eso describe sus ojos (los de ella) así: “Tenía unos ojos color verde marihuana…”.  Junto a Fito Paez cantó:  “Y ya que me preguntas te diré que sé lo que es: Tener 14 años y estar muerto. (…) Impúdico animal sin pedigrí adicto al elixir del corazón las botellas (…) Delirium Tremens”. También “La canción de los buenos borrachos”, que con el título lo dice todo. Y: “Enemigos íntimos del cálculo y la norma, usureros del delirio y el azar. Vamos a invitarlos a escaparnos de las sombras y si no lo conseguimos nos da igual. (…) Desilusión y bohemia, no hay controles de alcoholemia y está prohibido prohibir”.

Con la tristeza Sabínica sabe decir:
“Al infierno se va por atajos, jeringas, recetas
-ayer echa un pingajo me dijo en un banco del bar-
 ¿dónde está aquel rock and roll que me hiciste cuando eras poeta?
-Terminaba tan triste que nunca lo pude empezar”.

Nos arrancó algunas lágrimas con los versos: “¿Quién me ha robado el mes de abril? ¿cómo pudo sucederme a mí? Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.”  Triste lamento de tres historias, la del hombre del traje gris, el profesor sin su alumna y de mamá sin papá.
A la mujer que lo dejó en España y se fue a Argentina le canta: “Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar y me puse a gritar: ¿dónde estás? (…) ya nadie me escribe diciendo: –no consigo olvidarte.”
Y en la canción dedicada a Rocío Durcal, se queja: “¿Cómo haré que al final los cuentos que yo cuento acaban tan mal?”  Será por su tristeza.

Pero también nos ha despertado en el corazón el sentimiento del gran amor, por ejemplo con la canción que escogió Nina Pastori (en el tributo a Sabina que se llama “Entre todas las mujeres”) que dice: “Lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mí.  Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres.  Porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren.” Y en la que canta en el mismo disco Chabela Vargas:
“Que el maquillaje no apague tu risa. Que el equipaje no lastre tus alas. Que el calendario no venga con prisa. Que el diccionario detenga las balas.
Que las persianas corrijan la aurora, Que gane el quiero la guerra del puedo. Que los que esperan no cuenten las horas. Que los que matan se mueran de miedo.
Que el fin del mundo te píe bailando (…)
Que el corazón no se pase de moda. Que los otoños te doren la piel. Que cada noche sea noche de bodas. Que no se ponga la luna miel. Que cada noche sea noche de bodas. Que todas las lunas sea luna de miel”.

Por si cada tema fuera aún poco, tiene canciones en las que mezcla los tres:
“lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un güisqui on de rocks…
Me dejó su neceser con agravios…
Esta vez yo quería quererla querer y ella no, así que se fue…
Derrochando la bolsa y la vida la fui poco a poco dando por perdida…
Tanto la quería que tardé en aprender a olvidarla
Diecinueve días y quinientas noches.”

Y tiene muchos temas más.  Son esas canciones que tal vez le ayuden a seguir cantando cuando el corazón se cansa.  Un collage de artistas desfila, por ejemplo así:
“Por el boulevard de los sueños rotos… cuando Agustín se sienta al piano, Diego Rivera lápiz en mano dibuja a Frida Calo desnuda… quien supiera reír como llora Chabela… las amarguras no son amargas cuando las canta Chabela Vargas y las escribe un tal Jose Alfredo”. O así: “Que te lo digan Silvio y Pablo, Dios y el diablo, Joan Manuel (…) Sin mi compadre Luís Eduardo, yo no pasaba por aquí.”

Tiene figuras muy buenas, listados como en esta canción: “Corre dijo la tortuga, atrévete dijo el cobarde, estoy de vuelta dijo un tipo que no fue a ninguna parte. No me grites dijo el sordo, hoy es jueves dijo el martes.  Déjame sólo conmigo, con el íntimo enemigo que malvive la pensión en mi corazón, el receloso el fugitivo, el más oscuro de los dos, el pariente pobre de la duda (…) el caprichoso, el orgulloso, (…) el cómplice, el traidor.  A ti te estoy hablando, a ti, que nunca sigues   tú mis consejos, a ti te estoy gritando, a ti, que estás metido en mi pellejo, a ti que estas llorando al otro lado del espejo...”
Y en esta otra: “Si la vida se deja, yo le meto mano… y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación… partiré de viaje en seguida… a probarme el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré: Al Capone en Chicago, (…) pintor en Mont Parnarse, (…) negro en Nueva Orleáns, viejo verde en Sodoma, (…) sultán en un harem, policía ni en broma, (…) taur en Mote Carlo, cigarrillo en tu boca, taxista en Nueva York, el más chulo del barrio (…) tabernero en Dublín, comunista en las vegas, ahogado en el Titanic, flautista en Hamelin. Pero si me dan a elegir, entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo, el viejo truhán capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera. (…) Insumiso en el cielo, (…) Arañazo en tu espalda, (…) pianista de un burdel, (…) vocalista de orquesta, mejor tiempo en Lemans, (…) detective en apuros, conservado en alcohol, (…) desertor en la guerra, boxeador en Detroit, (…)  fotógrafo en PlayBoy…”
Otros listados geniales en las canciones: “Mi primer” y “Todos menos tú”.
Autoreferencias, que es más complicado presentar, pero que señalo en canciones como “Aves de paso” en la que habla de esos amores que cuenta en otras canciones y que no duraron mucho; otras autoreferencias en “Es mentira” donde sólo confirma lo que ya sabemos. Me gustan muchas otras de las figuras literarias que usa, como estas dos en una misma canción: “Esta es la canción de las noches perdidas… si sabes que casi todo sabe a casi nada… tiene nombre de mujer como la soledad, como el consuelo”.

Y muchísimas canciones variadas. Por ejemplo un paisaje bien pintado con su voz “Postal de la Habana”, un recorrido por las películas de Almodóvar y una confesión a la vez: “Yo quiero ser una chica Almodóvar”.  “Pacto entre caballeros”, que tuvo que escribir a los ladrones que lo asaltaron y al reconocerlo le devolvieron sus pertenencias y lo invitaron a trasnochar, sin dejar que pagara una gota.  Una canción a ritmo de rap, que canta con “Manu Chao” y que se llama “No sopor… no sopor” - no soporto el rap-. 
Me lo imagino en la reunión con sus excompañeros y excompañeras, cuando canta “El blues de lo que pasa en mi escalera” nos presenta a sus compañeros y compañeras:
“El más capullo de mi clase ¡Qué elemento! llegó hasta el parlamento (...)
Y sin dejar de ser el mismo bruto aquel que no sabía ni dibujar la “O” con un canuto.
El superclase de mi clase que ¡qué pardillo! se pudre en el banquillo (...)
y sin dejar de ser el mismo sabio que para hacer poesía solo tenía que mover los labios
La más matija de mi clase ¡qué figura! cotiza la hermosura y a sus cuarenta y cinco otoños (...) Y sin dejar de ser la seductora bruja que escondía bajo la falda una calculadora.
Por lo demás, ni más, ni menos larga que cualquiera
a mis cuarenta y pocos tacos, ¡ya ves tú...!
Igual sigo de flaco, igual de calavera…”

Antes del fin quisiera recordar, porque para eso se escribe, las muchas noches que oímos y cantamos a Sabina con mis amigos; en especial con el Tukis, –a  quien más le han dolido-, Alex –a quien más le han gustado y Juan Pablo –con quien más las he oído-.

Termino este recorrido brevísimo por la música de Joaquín Sabina con una para nuestra profesión: “Oiga doctor, devuélvame mi depresión, no ve que los amigos se apartan de mí, dicen que no se puede consentir esa sonrisa idiota.  Que no escribo una nota desde que soy feliz. (…) acaso no le pago las facturas, dejeme como estaba por favor, (…) a ver si tengo cura sólo quiero ser yo y ahora parezco mi caricatura.  (…) devuélvame mi fracaso, no ve que yo cantaba la marginación, devuélvame mi odio y mi pasión, doctor hágame caso…”

Guatemala, 2:00 a.m. 12 de abril de 2008
José Herbert Roberto Bolaños Valenzuela

P.D. Escribir esto me llevó a muchos recuerdos del tiempo que hemos vivido juntos, lo que quiero decir lo resumo en palabras que son signo y por tanto menos que el significado: Contigo, María Renée.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Del Puente

Estoy intentando ordenar un poco la gran cantidad de fotos que tengo... la mayoría de familia en momentos "hermosos".  Lo pongo entre comillas porque casi no tomamos fotos de los momentos que no sean hermosos.  En mi caso, tengo, por ejemplo -para mostrar esos momentos que casi no se fotografían- varias de distintos funerales y entierros.
Pero no voy a escribir ahora sobre ello.  Sólo quisiera publicar esta foto que fue tomada desde el puente El Incienso:


Sobre el techo de una casa hay una manta que dice: "No lo hagas, CRISTO TE AMA"

martes, 16 de julio de 2013

lucha de/con amor

Pobre aquel
tin marín de do pingüe
Se metió al ejército
para defender su patria,
pero no se imaginó que era con armas.

"Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía,
no vas a regatear".*
Si para defender a tu patria, debes usar tu arma
que sea la del corazón
y si has de alzar una bandera que sea la del amor.

Si es de matar, no uses el nombre del amor
para eso hay otros nombres dónde se usa más la razón.

Si peco de ilusa dime dónde está el significado de pecar
hasta que no lo hagas, accionaré por amar.

*