No es una pregunta estadística.
Se trata de una pregunta personal. ¿cada cuánto se te muere alguien?
Anoche en el funeral de mama Cony estuvimos hablando sobre cómo la muerte nos ha visitado como por "oleadas". Como si la muerte se metiera en nuestras redes (no en las virtuales, sino en las afectivas) y se llevara a varias personas de nuestra red. Hace dos semanas estaba en el funeral de la abuela de una amiga, ayer en el de la mamá de otra. Y ahí me comentaba alguien que "pronto" nos veríamos en otro funeral, porque alguien más está viviendo esa separación paulatina que traen las enfermedades terminales.
Pero no hablo sólo de las muertes físicas, tal vez las más reales. Me pregunto también cada cuanto una amistad o tantas otras formas de relación cambia de modo profundo y te duele. Cada cuanto relaciones que fueron posibles "acaban muy pronto" y no las notamos.
El último mensaje para un amigo que siento haber perdido fue "que bueno saber que estás bien". A otro, hace poco también, le escribí muy contento por saber de su paternidad ya próxima y simplemente siguió un silencio como de muerte, de distancia.
Así, se nos van yendo las personas. Con pequeñas muertes, con cambios profundos que no implican el "final" pero sí, la pérdida. La pérdida de una relación, de una forma de relación, de un momento en la relación.
Y encontramos (quiero encontrar) otras formas de mantener esas relaciones, esos cariños, esas amistades, esas complicidades. Mantener la filiación (cuando te reconocés huérfano) o la maternidad (como lo ha hecho Emma con Marco Antonio), mantener la amistad, aunque deba aceptar que todo ha cambiado.
Tal vez siempre se nos está muriendo alguien y no lo hemos notado.
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sábado, 26 de mayo de 2018
lunes, 25 de agosto de 2014
Porque aparte de ser hay que estar
Se es quien se es, se es quien se puede ser y se vive en
constante defensa de lo que con ello se puede hacer. Y es que ser no es nunca
suficiente, no para ellos, no para
ellas, no para vos, ni para mí. Porque
aparte de ser hay que estar; hay que estar listo, hay que estar presente, hay que estar buena, hay que estar latente,
hay que estar feliz, hay que estar, estar, estar siempre al pendiente. Al pendiente de qué
decir, al pendiente de qué sentir, pendientes de no herir, de saludar y reverenciar. Son rutinas que nos envuelven, nos mastican y nos
tragan; nos defecan y comparan. Pero es que nos encanta, nos encanta estar,
estar con él, estar con ella. Nos fascina ser; ser para ellos, ser para ellas.
No es suficiente, ya lo dije, lo sé, lo vivo, lo odio, lo amo, lo soy. Lo soy.
Lo soy.
Alejandra
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