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sábado, 26 de mayo de 2018

¿Cada cuanto se muere alguien?

No es una pregunta estadística.
Se trata de una pregunta personal.  ¿cada cuánto se te muere alguien?

Anoche en el funeral de mama Cony estuvimos hablando sobre cómo la muerte nos ha visitado como por "oleadas".  Como si la muerte se metiera en nuestras redes (no en las virtuales, sino en las afectivas) y se llevara a varias personas de nuestra red.  Hace dos semanas estaba en el funeral de la abuela de una amiga, ayer en el de la mamá de otra.  Y ahí me comentaba alguien que "pronto" nos veríamos en otro funeral, porque alguien más está viviendo esa separación paulatina que traen las enfermedades terminales.

Pero no hablo sólo de las muertes físicas, tal vez las más reales.  Me pregunto también cada cuanto una amistad o tantas otras formas de relación cambia de modo profundo y te duele.  Cada cuanto relaciones que fueron posibles "acaban muy pronto" y no las notamos.

El último mensaje para un amigo que siento haber perdido fue "que bueno saber que estás bien".  A otro, hace poco también, le escribí muy contento por saber de su paternidad ya próxima y simplemente siguió un silencio como de muerte, de distancia.

Así, se nos van yendo las personas.  Con pequeñas muertes, con cambios profundos que no implican el "final" pero sí, la pérdida. La pérdida de una relación, de una forma de relación, de un momento en la relación.

Y encontramos (quiero encontrar) otras formas de mantener esas relaciones, esos cariños, esas amistades, esas complicidades.  Mantener la filiación (cuando te reconocés huérfano) o la maternidad (como lo ha hecho Emma con Marco Antonio), mantener la amistad, aunque deba aceptar que todo ha cambiado.

Tal vez siempre se nos está muriendo alguien y no lo hemos notado.

martes, 26 de agosto de 2014

Chaplines: La clase de los libros.

Tarde de domingo.
El almuerzo está muy divertido mientras jugamos con la comida y eso me recuerda una escena clásica del cine de Chaplin, la máquina de comer.
La supertecnología de hoy me permite mostrarles a mis hijos aquella comiquísima escena y nos seguimor riendo.
Luego intento reflexionar con ellos: ¿por qué necesitaría alguien una máquina así? Y claro, sus respuestas son profundas e inocentes: "por si pierden las manos", "por si se le cae la comida porque no tiene fuerzas..." y otras que incluyen una observación importantísima: "pero la máquina debe funcionar, si no, pasaría esto..." y ¡Zaz! un poquito de sopa cayó al piso.
Pero replico: ¿Por qué creen que Chaplin hizo una escena como esa? ¿qué creen que quería decir? difícil la pregunta pues no vimos la película, sino la escena.  Sus esfuerzos por responder nos hacen reír cada vez más: "¡porque quería una que le haga así!" dijo uno mientras imita la genial servilleta de la máquina. Y el otro: "¡porque quería comer muchos elotes!" mientras mueve la cabeza de un lado a otro casi mordiéndose los dedos.
Entonces, explico que en la película la máquina se la ofrecen al dueño de la fábrica, quien quiere verla pues cree que así las personas podrían seguir trabajando mientras comen.  Claro, di más vueltas y rodeos para explicárselos.  Y también es claro que otros poquitos de comida cayeron al piso mientras hablábamos.
Finalmente, redondeo: "Chaplin quiso decir algo que le molestaba: cada vez la gente tenía menos tiempo libre en su trabajo, la explotación crecía y crece, al punto de limitar el tiempo del recreo y la comida. Pero lo dijo con una escena graciosa"  Y luego, pasamos al hacer: "¿Qué cosa que nos molesta podríamos decir con una escena graciosa?"
Mis Chaplins tienen imaginación en technicolor, es más, vemos sus escenas en 3D o 4D.  Su actuación es genial y el guión insuperable.
-Yo quiero quejarme porque mi mochila pesa mucho.
-Entonces pongamos una máquina que te lleva la mochila, tan rápido que te bota...
-Luego, intento llenar una mochila muy grandootaa... pero no es más alta, sino que sólo me crece así... como una gran joroba. Y al bajar del carro: ¡Ay! me caigo de espaldas.
-Entonces, como mi mochila no pesa tanto, porque estoy en prepa, yo te ayudo a sacarle algunos libros.
-Y yo te doy más y más... y saco unos que me voy a llevar en las manos.
-Y cuando yo quiero entrar al colegio: ¡Bang! me choco en la pared y fizzz, fuzzz... fazzz... los libros caen por todos lados fuzzz.... fizzz.
-Entonces me tropiezo con los que tu botaste y me caigo, y salen volados todos mis cuadernos y hasta mi estuche que estaba en la mochila.  El estuche se abre y se sale todo.
-Entonces, papi, tenés que bajarte del carro y ayudarnos a llevar todo hasta la clase de mi hermano.
-Y en mi clase ya no caben los niños, ni las niñas, ni la maestra... en mi clase sólo hay libros.

La Escena: https://www.youtube.com/watch?v=_OKs2MWaBcA

(estaba para publicar el 25, lamento la demora)

lunes, 25 de agosto de 2014

Porque aparte de ser hay que estar

Se es quien se es, se es quien se puede ser y se vive en constante defensa de lo que con ello se puede hacer. Y es que ser no es nunca suficiente, no para ellos,  no para ellas, no para vos, ni para mí.  Porque aparte de ser hay que estar; hay que estar listo,  hay que estar presente,  hay que estar buena, hay que estar latente, hay que estar feliz, hay que estar, estar, estar  siempre al pendiente. Al pendiente de qué decir, al pendiente de qué sentir, pendientes de no herir,  de saludar y reverenciar. Son  rutinas que nos envuelven, nos mastican y nos tragan; nos defecan y comparan. Pero es que nos encanta, nos encanta estar, estar con él, estar con ella. Nos fascina ser; ser para ellos, ser para ellas. No es suficiente, ya lo dije, lo sé, lo vivo, lo odio, lo amo, lo soy. Lo soy. Lo soy.

Alejandra