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sábado, 16 de diciembre de 2017

En su 38 aniversario

No se sientan mal, no lo hicieron mal… no al menos lo mal que la sociedad les dirá.

A ella le dieron libertad para ser quien quiere y para saber querer hacer.
Le dieron alas en las letras desperdigadas por el nido, sopló bajo ellas el viento de sus confianzas
A ella la dejaron ver. La dejaron ver la mierda y ver las nubes, ver las flores y ver las grietas en la tierra árida de este lugar, a veces maldito, casi siempre maldito.

A ella no le robaron su cuerpo, ella lo sabe suyo. Suyo para gozarlo, suyo para decorarlo, para dejar de hacerle el daño que alguna vez le pudo hacer, suyo para compartirlo sin regalarlo. Suyo para la ternura y para el placer y para el dolor.

A ella no le pidieron ceder su voz, se la escucharon, por cortesías en más de una ocasión probablemente, con risillas de ternura seguramente, con una que otra respuesta ante la insolencia terriblemente.

No lo hicieron todo mal. Tampoco lo hicieron todo bien.

Cuando les culpen, porque lo harán. Cuando les culpen de su libertad, ella maldecirá a quienes lo hacen. Esa mierda entre las grietas, esos juecesjurado que condenan la valentía, esa iglesia, esa familia…
Cuando les culpen porque ella no necesita ganar el jucio, cuando les culpen porque es tan feliz estando sola como con uno, como con tres; como con ellos como con ellas también. Cuando les culpen porque no ama bien. Porque ama de más o ama de menos, porque no quiere ser madre santa, porque no quiere y no le duele no querer.
Porque no quiere vestido blanco, quiere la fiesta y no el ritual.
“Les faltó amarla, les faltó pegarle (Es que para la mierda ese es amor)
Son las carencias, su rebeldía, quiere vengarse de ustedes dos. Les faltó tiempo, les falto plata. Les faltó charla, les faltó Dios. Ahora ya ven ¡Son las consecuencias! Una vergüenza pa´l corazón.”
¡No les escuchen! ¡No les atiendan! ¡No hagan caso a su sin-razón!


Ella agradece la libertad que la hizo libre; el amor que la hizo amar. Ella agradece que le confiaran pues ella ahora sabe confiar. Ella les ama como la amaron y como sabe que la amarán.  No les escuchen, dicen mentiras. Dicen y dicen sin saber qué…

miércoles, 30 de agosto de 2017

SOBRE LA VIOLENCIA EXTREMA: EVELYN Y MERCEDES


La premisa de discutir sobre la violencia extrema nos sitúa en la búsqueda de contextos y experiencias límite que de cualquier manera ya son por la misma definición únicas: extremas; además de rechazables, anormales: evoca la idea de excepción y anormalidad  (no por violentas, sino por extremas).  Sin embargo, una primera cuestión discutible (un tema) es justamente si no será que hay violencias extremas que se han legitimado y justificado en nuestra sociedad (o en alguna otra) y por tanto no se evidencia como tal.  No quisiera profundizar en ese tema, sino inquietar y evidenciar la suma complejidad de los fenómenos de las violencias. El tema que voy a proponer tiene que ver con casos que yo identifico como violencia extrema, que se encuentran legitimados en la aplicación de la ley (son legales) pero que me provocan indignación (en ese sentido reconozco que son extremos) y en ese sentido los considero una forma de violencia ilegítima.  Tienen además la condición de haber ocurrido no sólo con anuencia de los estados, sino por parte del mismo, constituyéndose así en violencia de estado.  A la vez, ocurren contra mujeres en situaciones de poder muy desiguales ante los hombres dentro del sistema social, constituyéndose así en violencia patriarcal; pero les ocurren por el hecho de ser mujeres, siendo por tanto violencia de género.

Siendo que este espacio no es en el cuál desarrollaré el análisis, sino que será solamente la presentación de los casos, haré una breve reseña de ellos dejando los links para que se puedan revisar las fuentes de donde los tomé (medios de comunicación digital) y seguramente si así se desea se pueda realizar búsquedas de más información.

Evelyn Hernández

Es una joven que a los 18 años sufrió una violación sexual a consecuencia de la cual resultó embarazada, pero no “Dice que no denunció la violación por miedo ni se dio cuenta de que estaba embarazada” hasta que el 6 de abril de 2016 sintió dolores abdominales muy fuertes que le hicieron acudir al baño, donde “dio a luz” y cayó desmayada.  Su mamá la encontró y solicitó ayuda a servicios médicos públicos que le atendieron por “hemorragia vaginal producto de un parto extrahospitalario”.

Las autoridades iniciaron la investigación, rescataron el cuerpo sin vida del bebé y en un primer momento fue acusada de haber tenido un aborto provocado, pero luego se cambió la tipificación del delito por homicidio agravado. (negrita original)

Evelyn estuvo detenida desde que ocurrieron los hechos y ahora (el 8/jul/2017) que tiene 19 años fue condenada a 30 años de prisión acusada de ese delito.  Al publicar esta noticia un medio informa:

La legislación salvadoreña penaliza todas las formas de aborto, incluso el terapéutico, y de realizarlo, tanto las mujeres como los médicos serían juzgados en los tribunales de justicia. De ser culpables podrían ser enviados a la cárcel de dos a ocho años. No obstante, en casos como en el de Evelyn, si el delito se cambia a homicidio agravado —aquel provocado en razón de parentesco de la víctima y el victimario— estas mujeres pueden ser condenadas entre 30 y 50 años de cárcel. (negrita del autor)

Informando sobre otro caso (el de María Teresa Rivera), otro medio de comunicación señala que el caso de Evelyn no es el primero, ni el único:

El castigo por abortar es de hasta ocho años de cárcel, pero en muchos casos se cambia la acusación a la de homicidio agravado, que tiene una pena mínima de 30 años de prisión. Rivera era parte de un grupo de 15 mujeres condenadas por delitos ligados al aborto en El Salvador.

Vale decir que María Teresa había sido condenada por un caso similar al de Evelyn, su condena en el año 2012 fue de 40 años de prisión.  Sin embargo en mayo de 2016 fue puesta en libertad, pues el juzgado anuló la sentencia al considerar que “no existían pruebas de que Rivera hubiera hecho algo para que el bebé muriera, y que la autopsia no esclareció si nació vivo o muerto.”

Esa falta de pruebas, la celeridad para la condena y el retardo para la revisión del caso (María Teresa fue condenada en 2012 por un hecho de 2011, pero la sentencia que la liberó llegó hasta el 2016), nos muestran una prisa por el castigo -porque eso no es justicia- y lentitud para lo más parecido a la justicia (su liberación). Por tanto abre preguntas importantes: ¿Hay una investigación sobre los tribunales que sentenciaron a María Teresa? ¿Qué resarcimiento es posible para estas mujeres (si llega a reconocerse su inocencia) luego de padecer la violencia injusta del estado[1]?

Hay otros elementos que debemos considerar y cuestionar, dentro del funcionamiento del estado. Por ejemplo, que la legislación que condena todas las formas de aborto en El Salvador, y data de 1998, obliga a personal de salud a denunciar todos los casos en que haya sospecha de la práctica de aborto.  Seguramente este es un dilema ético que se presenta en el personal de salud con alguna frecuencia y ante la cual se pueden sentir en riesgo muchas mujeres.  Pero, ¿Se encontrará en el mismo dilema ético el personal de salud ante la obligación de denunciar toda sospecha de alguna forma de violencia de género o (mal llamada) intrafamiliar? Quiero decir con esto que en los casos del aborto se trata de un temor de acusar injustamente (por sospecha) a una persona que puede ser inocente; mientras en otros casos se trata del temor de recibir represalias por parte de un hombre violento (o de personas cercanas a él).  Tomemos en cuenta que, según se entiende en las notas de prensa, los casos de “aborto” u “homicidio agravado” avanzan muy rápido, pero –al menos en el contexto guatemalteco –los de violencia de género son sumamente lentos.

Hay muchas preguntas más que surgen del caso de Evelyn, sin embargo, deseo mostrar otro caso y el espacio es poco.  Dejo aquí los links que usé para elaborar el caso de Evelyn y algunas citas de otros:




Evelyn Beatriz Hernández Cruz, de 19 años de edad, fue sentenciada por el delito de"homicidio agravado en perjuicio de su hijo recién nacido", según informaron los tribunales salvadoreños.
La joven había sido ingresada a un hospital de Cojutepeque, en el norte de San Salvador, el 6 de abril de 2016. Evelyn Beatriz -quien desconocía estar embarazada- tuvo un parto en una letrina de su casa, donde perdió el conocimiento tras sufrir un fuerte sangrado, y el bebé murió.
Según organizaciones locales, Evelyn había sido violada meses antes pero, por miedo, no lo había denunciado. En el hospital adonde la llevó su madre, la joven fue denunciada y detenida por supuestamente abortar.
(…)
"Desde el punto de vista jurídico la jueza no tiene de dónde agarrarse" para sustentar la condena, comentó Romero, y relató que la misma jueza "dijo específicamente que no existe ninguna prueba directa, pero que estaba convencida" de que la joven era"responsable intencional de la muerte" del bebé.

Mercedes

Ya que prefiere el anonimato la llamaré Mercedes, pues es la ciudad en que vive, en Uruguay. Y su caso lo presentaré con base en la nota de este medio:


En enero, ella —que tiene un hijo de 5 años— supo que estaba embarazada de un joven al que ya no veía. Pensó durante días si quería seguir o no con el embarazo y decidió hacerse un aborto, una práctica permitida en Uruguay siempre y cuando sea antes de las 12 semanas de gestación. Pero ese joven con el que ya no salía presentó un amparo judicial, dijo que tenía los medios para hacerse cargo de su hijo y una jueza le prohibió a [Mercedes] abortar. Ésta iba a ser una semana clave: el próximo viernes, María cumplía las 12 semanas de gestación. Pero en la madrugada del jueves perdió el embarazo. La disputa legal se acabó, pero ahora ella está dispuesta a iniciar una nueva batalla.
(…)
—Cuando tomé la decisión y me sentí segura y decidida, hice todo lo que la ley exige. Me evaluó una psicóloga y asistentes sociales, me explicaron todo y, como marca la ley, me dieron cinco días para pensarlo. Pasó ese tiempo y ratifiqué mi decisión. Después, te ve un ginecólogo y te da la pastilla para hacértelo en tu casa. Tenía turno para el 23 de febrero y el 21 me llegó la notificación de la jueza que me decía que tenía prohibido hacerme un aborto en cualquier lugar del país. Ese mismo día empecé con contracciones y sangrado, me dolía hasta respirar. El médico me dijo que había una amenaza grande de tener un aborto natural. Fui a la emergencia todos los días y todos los días me dijeron "es el estrés que estás pasando".

La ley 18987 que autoriza el aborto en Uruguay es de 2012, es conocida como "Ley del Aborto", y  detalla que la interrupción voluntaria del embarazo no será penalizada cuando la mujer cumpla con los requisitos establecidos y se realice durante las primeras doce semanas de gravidez.  El artículo continúa:

Este lunes a la madrugada, cuando faltaban días para que se cumpliera el plazo para poder abortar legalmente, María tuvo un aborto espontáneo en el baño de su casa.

-¿Cómo te sentís después del aborto?
-Siento alivio de que fue de forma natural, pero sé que ahora está la sospecha de si fue o no fue así. Tuve que documentar todo, ponerme guantes y poner el feto en un frasco de urocultivo para que le hagan los estudios en anatomía patológica; si no, me metían presa. Seguro ahora este joven me va a demandar, pero en 20 días van a estar los resultados de la anatomía patológica. Pero vamos a ver, yo no sé si ese feto estaba vivo o no. ¿Y si yo me agarraba una bruta infección? ¿Quién se iba a hacer cargo por obligarme a tenerlo?
—¿Qué opinás de la jueza que te prohibió abortar?
—Me genera una indignación total, pero no me asombra. Se llama Pura Concepción y como es devota del Padre Pío, le puso Pío a su hijo. Me indigna porque su trabajo es hacer cumplir una ley que está vigente, que ya se debatió y que fue votada por los uruguayos. La Corte Suprema dice que el caso queda cerrado, pero no, yo ahora voy a ir con todo contra la jueza. [2]

La Corte Suprema dice que el caso queda cerrado pero no, yo ahora voy a ir con todo contra la jueza
—¿Por qué?
—Una decisión así te puede destrozar. Estas semanas fueron terribles, todo el mundo opinando sobre mi cuerpo. Una jueza me obligaba a tenerlo y encima a cargar con la culpa de que luego le dijeran a ese bebé: "Vos naciste porque una jueza lo ordenó, no porque tu madre te quisiera". En estas semanas, escuché comentarios de la gente del tipo "Bueno, si le gustó coger ahora que se haga cargo". Yo no pensé en hacer ninguna locura porque tengo este carácter y esta entereza. Pero yo trabajo en salud y vi a muchas mujeres abortar hasta con perchas; por eso se votó la ley, porque las mujeres se morían. Esta jueza le puso un abogado al feto, cuando en Uruguay está establecido que un ser humano es sujeto de derecho a partir del nacimiento, no de la vida intrauterina. Ella no puede volver atrás con una ley que fue debatida durante años. Por eso le voy a hacer juicio, no quiero que las chiquilinas vuelvan a hacerse esos abortos clandestinos y vuelvan a morirse desangradas, como se morían antes.[3]

Para aclarar un poco las ideas de Mercedes, sobre el sujeto de derecho, vale aclarar con un párrafo de otra nota del mismo medio:

"En los juicios de familia se suele nombrar un abogado de oficio en defensa del niño o de la niña, pero en este caso estamos hablando de un embrión, no estamos hablando de una persona y además ¿con quién consulta ese abogado?, ¿qué interpretación hace?", dijo Abracinskas. En ese sentido, la directora de MYSU aseveró que la legislación vigente recoge que "es persona después de 24 [horas] de nacido, ósea, postnacimiento" y que la juez apeló a ese convenio "como si estuviera hablando de un niño o una niña". "Además se le nombra abogado al feto pero la mujer tiene que hacer su propio patrocinio, es realmente muy absurdo", agregó.

¿El derecho de quién se defiende en este caso? Según se dijo arriba, el derecho del “padre”.  Al respecto hay que decir que las primeras legislaciones en el imperio romano sobre el aborto fueron, precisamente, un reclamo de los hombres a que se cuidara a sus hijos (y no a las hijas, claro) por ser potencialmente herederos y fuerza de trabajo, aliados y colaboradores en sus planes y deseos.

El artículo que seguimos, reproduce palabras de Mercedes sobre el posible padre:

—¿Qué relación tuviste con el joven que se negó a que abortaras?
—Después de que me separé del padre de mi hijo, quedé bastante arisca. Nunca más quise tener una relación seria. Venía de años muy difíciles porque mi hijo, que ahora tiene 5 años, nació con una malformación congénita y pasé operaciones de 16 horas, estuve ocho meses internada con él, durmiendo en los pasillos. Durante ese tiempo, no sabía si vivía o se moría, fue una tortura psicológica fatal. Muchos años después, cuando el nene empezó a estar mejor, volví de a poco a salir con mis amigas. El año pasado lo conocí a él, es un tipo muy "sexo, drogas y rock and roll", así que no era nada serio. Yo lo veía para distraerme, pero ni de casualidad era para estar en pareja. Es un tipo que gana 12.000 pesos uruguayos al mes (unos 422 dólares) y cuando lo conocí, la madre se pudrió, lo echó de la casa y se fue a vivir con cinco amigos. Es un tipo de 30 años, así, hippie y volátil. No paga el cable, no tiene servicios básicos, no tiene una cama y, como es profesor de Educación Física, comía en las escuelas en las que trabajaba. Se vendió como un padre responsable, pero jamás me dio ni 100 pesos para hacerme una ecografía. ¿Qué padre responsable, si cree que tiene otros hijos por ahí y jamás fue capaz de hacerse un ADN?

Antes de continuar con el relato de Mercedes, es oportuno advertir un riesgo en el cual se cae con frecuencia: acusar a la víctima.  Por tanto, prevengo a quien lee que no se haga acusaciones sobre Mercedes, como ¿por qué salía con un tipo así? Se arriesgó con él y ahora debe asumir lo que hizo, y tantas otras.

María tenía una lesión en el útero, por eso tomaba unas pastillas anticonceptivas muy fuertes. Eran las mismas que les dan a las mujeres con fibrosis y le empezaron a caer mal. En el transcurso de los seis meses en que mantuvieron una relación "libre", el ginecólogo le recomendó cambiarlas. En ese descalabro, cuenta, quedó embarazada.

—¿Qué pasó cuando le dijiste que estabas embarazada?
—En enero, cuando se lo conté, le dije que iba a pensar bien si lo quería tener o no. Él me dijo: "Es tu cuerpo, tomes la decisión que tomes, yo te voy apoyar". Yo no estaba segura porque tenía que pensar si podía mantener a otro hijo o no. La ley uruguaya establece que el padre le tiene que pasar 3.500 pesos al mes (unos 120 dólares) y unos pañales cuestan 600. Por eso tenía que pensar si me podía hacer cargo yo, porque después para que un padre aporte más plata, tenés que iniciar una guerra con abogados. Él era un tipo que cambiaba de planes todo el tiempo, que se iba a vivir a Montevideo, que no. Pero lo mío era distinto: yo sí tengo todo a mi nombre, mantengo a mi hijo y pensaba: "Mirá si es otro embarazo de riesgo". Cuando tomé la decisión, pensé: "Bueno, lo hago y tá". Encima él ya estaba saliendo con otra chica y decía que estaba re enamorado. Pero no.
—¿Y por qué creés que presentó el amparo para impedir que abortaras?
—Él tenía un padre que tenía mil hijos perdidos por ahí y, de repente, se le puso en la cabeza que no quería ser como su padre. Yo creo que él se obsesionó con la idea de arruinarme la vida, pero en verdad no quería ser padre. Y resulta que porque cambió de idea, yo tenía que estar obligada a tenerlo.

Decía antes que se trata de un caso de violencia extrema, de parte del estado, en contra de una mujer y por ser mujer (a ningún hombre se le puede obligar a gestar); y en resguardo de los valores patriarcales. Quisiera resumir por tanto las ideas que en este caso sostienen esa idea:
-          La orden de “no abortar” la emita una jueza (violencia del estado, legal pero cuestionable en su legitimidad).
-          Contra una mujer que ha tomado una decisión y tiene el derecho legal de realizarla.
-          Defendiendo el deseo (también cuestionable) de un hombre, sobre quien hay dudas de que pueda cumplir la responsabilidad que “desea” asumir.
Sólo falta una consideración: ¿Por qué es violencia extrema? Porque la maternidad es un rol o una relación que afectará drásticamente toda la vida de esta mujer (y del embrión), así como la del hijo que ya tiene Mercedes, obligándola a relacionarse con el padre del embrión.  Imponiendo, además, obligaciones que ella ya rechazó y que, por tanto, se podría dudar que incorpore y que le permitan desarrollarse plenamente, según sus deseos y planes.  Es decir, se estaría limitando (toda la vida) su autonomía.

Otros elementos sobre el caso:

http://www.infobae.com/america/america-latina/2017/03/02/la-mujer-a-la-que-la-justicia-uruguaya-obligo-a-mantener-su-embarazo-tuvo-un-aborto-espontaneo/

http://www.infobae.com/america/america-latina/2017/02/28/el-fallo-que-impidio-un-aborto-divide-a-uruguay-los-magistrados-lo-apoyan-y-15-asociaciones-lo-tildan-de-abuso-de-autoridad/





[1] Quiero decir con esta expresión “violencia injusta del estado” que hay casos en que la violencia del estado (en tanto definido como “monopolio de la violencia”) se aplica “justamente”, es decir, cuando se obliga a alguien a vivir en prisión, como consecuencia legal y justa de sus actos; mientras en estos casos la violencia se ejerce injustamente.
[2] Subrayado del autor.
[3] Subrayado del autor.

martes, 18 de abril de 2017





El punk siempre ha sido y sera una manera de expresar con rabia y fuerza nuestras resistencias.
 a continuación algunos links de bandas de punk/anarko feminista. 

“La felicidad no reside en la posesión del objeto creado, sino en el acto de crearlo”.  H.R.



martes, 17 de enero de 2017

NiUnaMenos


Cualquier mensaje rebelde que se quiera hacer llegar, debe transgredir espacios para que realmente llegue hasta los rincones más escondidos, religiosos, militares, fálicos, progres y conservadores.
Pero de que llega, llega.

Con el útero en el centro, muerte al patriarcado.



sábado, 10 de diciembre de 2016

Violencia Contra Los Hombres


Los hombres reciben muchísima violencia de cualquier clase; estructural, institucional, estandarizada y sobre todo, invisibilizada. No lo niego. También son asaltados sexualmente, acosados, hipersexualizados, con tratos laborales injustos y también viven en sistemas de opresión desfavorables. No se respetan sus derechos humanos y experimentan la violencia económica sobre sus hombros. Se les niega el derecho a una paternidad afectiva, así como les son negados cualquier intento de experimentar con sus sentimientos y creatividades. Tienen un falo muy pesado que cargar y lo tienen que llevar todos los días de su vida, aunque estén cansados. Es pesado, porque es grande. Chiquito, no sirve.

Soy testiga de estas violencias todos los días de mi vida. En mis comunidades comparto con mujeres, pero con hombres también y siento con mucho pesar las luchas que -quizás si son afortunados de ver- tengan que emprender con mucho esmero, paciencia e ingenio. Me he enterado de estas violencias, no solo porque las veo cotidianamente, sino porque me las han contado también. Y las he escuchado y si el ambiente se da, comparto mi opinión y perspectiva que viene desde mi experiencia como oprimida a razón de mi género, en cuanto a relaciones humanas hablamos. Pero, existe una excepción que tiene mucho peso; no voy a escucharlos cuando hablen de estos problemas, de estas violencias, de las cosas que descubren que hacen ruido en sus vidas para contrarrestar mis denuncias, que si bien son públicas y sujetas a distintos comentarios y opiniones, no puedo permitir bajo ninguna circunstancia que éstas sean minusvalorizadas. El que yo pueda denunciar y emitir comentarios que denuncien es parte de muchos procesos de muchas mujeres que no puedo irrespetar, ni mucho menos, irrespetarme a mi.

Si es verdadera la indignación, claro que pueden hacer sus denuncias, comentarios y diferentes procesos, pero no -solo- cuando una mujer emita los suyos. En mi experiencia, yo priorizo los espacios de mujeres en la medida que promuevan y trasciendan nuestras relaciones humanas. Es una postura política, porque también podríamos ser maternales y atender a los problemas que acomplejan a los hombres como acto de nobleza, porque así nos enseñaron a ser y a hacer. 

Claro que podemos acompañarnos si se dan las oportunidades, pero si en verdad es legítima la indignación, será esta la forma en que se pronuncien a sus problemas; en los espacios que procuren, no en los espacios que las mujeres luchamos y reivindicamos. Sino, no es que les preocupen los problemas de los hombres, es que se rehúsan a hablar de los problemas que suprimen a las mujeres, porque no son ellos el centro de la atención.

Pueden hablar de sus acosos, pero no cuando hablamos de nuestras odiosas experiencias porque nuestras luchas no solo no se comparan, sino que simplemente no son las mismas. Pueden hablar de sus golpes económicos, pero no cuando por irresponsabilidades de la pareja o ex pareja las mujeres hablamos de los nuestros. Pueden hablar de violaciones sexuales, pero no cuando una mujer denuncia, porque los hombres jamás experimentarán ese monstruo grande que ataca a las mujeres. No los invisibilizo, pero estamos paradxs en diferentes partes de la balanza y tengo que ocuparme y defender mis asuntos y mis asuntos se volvieron también, una disputa territorial.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Amor Entre Mujeres

"Qué sería de la lucha contra el patriarcado, sin el amor entre mujeres".

Noviembre de 2016. Tras un viaje de una semana en diferentes departamentos, llego al majestuoso Huehuetenango donde tendría que pasar otra semana más. Me empiezan a doler los ovarios; mi menstruación estaba por llegar. Me dolían más de lo normal y pensé que era por haber estado sentada tanto tiempo.
En la ciudad de este departamento, me encuentro con otras mujeres con las que íbamos a trabajar y juntas nos fuimos a Chaculá -municipio- para quedarme en la casa de C.
C es una mujer hermosa, trabajadora y feminista sobre todo. Una líder comunitaria con mucho conocimiento ancestral. Lo que bien podría llamarse "bruja".
C observa mi malestar y me ofrece un té de Cola de Macho. Me contaba lo poderosa y curativa que es esta planta; yo me sentía muy bien bebiendo. Al pasar las horas de la noche entre pláticas y un cielo asombrosamente estrellado, como mi dolor seguía, me ofreció sobarme.
Prende fuego, trae hierbas, limón y un tarrón. Estira un petate y me acuesto en él. Empieza a limpiarme. Luego, mete su mano en el tarrón y saca un poco de ungüento con el que empieza a sobarme el estómago. Por la forma en que me tocaba, supe que ella sabía exactamente dónde estaba todo. Después de su evaluación, me dice: "tenés la matriz muy baja y tus venas derechas están inflamadas". Siguió sobando -para subirme la matriz- y me seguía echando ungüento. Al terminar, me envolvió en dos cortes de la cintura para abajo y me dio un güipil de San Mateo Ixtatán, que son muy calientes. Me quedé dormida a la par del comal, porque necesitaba mantenerme caliente, como me indicó C.
La noche tenía sonidos maravillosos y abrumadores (sonidos que sólo abruman a quien vive en lo urbano). 4:00 de la madrugada. Me despierto y el fuego seguía prendido. Me dieron muchas ganas de ir al baño, necesitaba defecar. Salgo de la casa al baño y me quito las prendas que me dio C. Sentía una gran presión en el vientre. Yo estaba de cuclillas esperando terminar con el asunto cuando éste logra salir... pero, aún sentía la presión en el vientre. No entendía por qué, nunca me había sentido así. Siento una sensación extraña. Muchas ideas pasaron por mi mente sobre qué estaba pasando cuando siento mi copa menstrual al borde de mis labios vaginales. Si, yo había expulsado la copita. Esto es algo que NUNCA me había pasado y no conozco a ninguna mujer que le haya sucedido. Observé mi sangre, tenía tejidos extraños. Los examiné y no pude concretar si era endometrio o coágulos de sangre. Regreso a la casa muy pensativa y me quedo viendo el fuego.

El fuego me habló, a esas horas, en esas circunstancias y a esta simple mortal. No puedo explicarlo, pero me dijo lo que había ocurrido. Me puse a llorar y entre lágrimas, me quedé dormida.
Al salir el sol, llega C a donde yo estaba. Yo ya me había levantado y doblado todo. Había más gente en la casa y el movimiento empezaba. Cuando salí a cepillarme los dientes, C llega también a la pila. Le conté lo que había sucedido en la madrugada; lo de la presión en el vientre y lo de los tejidos en la sangre. Se me queda viendo como que si pudiera leer mi espíritu con sus ojos. Me dice: "estabas embarazada". Yo no podía creer que C me estaba diciendo lo mismo que me dijo el fuego. Hice como que no entendí a manera de pedir más palabras. "Yo sentí tus venas anoche. Eran de no más de 15 días, pero tenía que estar segura". Empiezo a llorar y continué llorando por varios momentos durante todo el día. C me dio más té y me sobó como medida de seguridad. Me abrazó con tanto amor que yo sentí que no estaba sola.
Teníamos que trabajar. Yo me adelanté al lugar donde nos íbamos a reunir con otras mujeres y C llegaría después. Me sentía dispersa y sin entender cómo algo que nunca supe que estuvo dentro de mi, me hacía sentir de esa forma. Tomé un momento para salir a caminar y me detuve frente a unas milpas. Me hizo pensar en los ciclos. Noté la llegada de C -nadíe podría no notar cuando C entra a algún lugar-. Salió otra amiga y le conté sobre mi aborto. Lloramos juntas y me contó sobre un aborto que ella había tenido a principios del año y me regaló un Tijax. Me sentí muy bien.
Al terminar mi caminata, regresé al punto de reunión. C me llamó hacia donde ella estaba y cuando llego, estaba platicando con otras 3 señoras igual de mayores que ella. Les consultó su opinión sobre lo que me había pasado en la madrugada y todas estuvieron de acuerdo con que había sido un aborto. También estuvieron de acuerdo que mi vida no corría peligro y que solo necesitaba un baño de vapor con hierbas. Eso hice.
C me estuvo preguntando por mi sangre, mis pensamientos y mis sentires. Me sentí muy acompañada, amada y segura. Otras mujeres que supieron de mi aborto, estuvieron muy presentes también.
Al día siguiente, era la marcha del 25 de noviembre en la ciudad de Huehuetenango. Regresé y caminé, bailé, brinqué junto con muchísimas otras mujeres organizadas desde el Feminismo y otras formas de militar. Lloré, ya no desde mi dispersión, sino desde el amor.

No es que mis intimidades sean públicas, pero esta experiencia me dejó la mejor lección que me ha dejado hasta ahora el 2016:

QUÉ IMPORTANTE LA AMISTAD ENTRE MUJERES, PORQUE LA USAMOS COMO HERRAMIENTA DE LUCHA.

Necesitamos más brujas, no farmacias.

Seré bruja y será la mejor forma de amar por siempre a C.
Gracias misteriosa Chaculá. Tus montañas, estrellas y sonidos fueron vida y muerte. Gracias por dejarme ver la vida tan de cerca y la muerte tan sobria y pacífica.

martes, 1 de septiembre de 2015

¡OFERTA OFERTA! 
Se perdonan abortos
*Oferta válida entre el 8 de diciembre 2015 y 20 de noviembre 2016 o hasta que duren existencias
*Aplican restricciones


¡Santísimo pontífice!Hoy Francisco ya no solo perdona a los gay por sus aberraciones e inmoralidades, ahora también perdona  "el pecado del aborto". El perdón de Dios a través del hombre. Literal -El hombre- ese hombre que representa a todos los hombres que se permiten juzgar, condenar y si así conviene perdonar  mujeres. Un hombre humano ungido por un hombre Dios.


Directo desde el Vaticano la noticia es que entre el 8/12/2015 y el 20/11/2016 toda mujer que haya atentado contra la ley religiosa que dicta que sobre su cuerpo deciden otres y no ella y se haya así realizado un aborto, podrá gozar de la devolución de su visa para ingresar a territorio celestial, cancelando su visita próxima al infierno. Como únicos requisitos para el trámite se solicita lo siguiente:

- Solicitud expresa de Perdón
-Total y completo arrepentimiento. 
-Confesar su pecado con el agente sacerdotal autorizado más cercano.
-Realizar una peregrinación por la Puerta Santa asignada a su localidad.
-Realizar su requerimiento a más tardar el 20 de noviembre del año 2016

El cumplir con los anteriores requisitos garantiza su absolución del pecado en cuestión.




El Papa Francisco describe el aborto como "un drama existencial y moral". Sí, lo es. Lo es con o sin su reconocimiento, lo es gracias la condena de la Iglesia. Lo es gracias a que la existencia es supervisada por la religión y la moral es su método de represión. Lo es porque la opinión y tutela de padres, hermanos, esposos, sacerdotes, científicos, y otros, sobre el cuerpo de las mujeres es la norma. Lo es porque las mujeres valen en la medida en que acepten con gracia y devoción su "rol maternal", pues ¿qué otro aporte tienen para dar al mundo si no es la producción y mantenimiento, o en términos más apropiados, concepción y crianza de hijos (o en su defecto, hijas)?  Lo es, lo es, lo es. Que esto sea un drama existencial y moral es a su vez su propio drama existencial.

Las condiciones para la extensión de la indulgencia  representan la sumisión del propio ser ante los mandatos "santos" tan anhelada por la Iglesia. Para empezar, el reconocimiento del aborto (o cualquier acto no permitido por las doctrinas religiosas) como un acto tipificado como un pecado; cometer un pecado supone entonces la adquisición de una culpa. Luego se propone el "arrepentimiento de corazón", lo cual se traduce a un reconocimiento de la supremacía de la opinión ajena (de la Igesia en particular) ante las propias opiniones o necesidades. Por otro lado, la confesión como forma de proceder para "limpiar el pecado" no hace más que validar la configuración organizativa jerárquica que la Iglesia enseña al mundo. Hay personas -autorizadas- para perdonar, por mencionar algunos del  sinfín de elementos para cuestionar...

Esta declaración papal es fuente de alivio para muchas mujeres mientras es fuente de indignación para otras.

Aquí el tema central no es el aborto, es que la sociedad sigue facultando
 a la Iglesia para PERDONAR. Es que la opinión de ese hombre que reza allá en Europa dicta accionares en todo el mundo. Es que bien pudo haber dicho Francisco que el jubileo absolverá a quien cometa Gula... ¿no? Igual se le estaría agradeciendo su bendecido PERDÓN...    




miércoles, 20 de mayo de 2015

Peligro patriarcal a Q300.00 la hora

Publico siguiendo la sugerencia de mi catedrática del curso de género ...

“Cabe afirmar que la libido es de esencia masculina de una manera constante y regular, ya aparezca en el hombre, ya aparezca en la mujer(…)” (Freud, 1905). En contraste a este postulado freudiano, digo: Cabe afirmar que el psicoanálisis freudiano es de esencia masculina de una manera constante y regular, ya se aplique a un hombre, ya se aplique a una mujer…
La ciencia validando y respaldando al sistema patriarcal; nada nuevo, nada sorprendente. Ciertamente doloroso y hasta cierto punto vergonzoso si esa ciencia de la que hablamos es aquella que tan noblemente se ha acomodado en el imaginario social como una “al servicio de la salud mental”. Más aún para quienes consideramos a la Psicología, no una Ciencia Médica sino una Ciencia Social. Esta incómoda verdad es nombrada, descrita y criticada por Christiane Olivier en su obra “Los hijos de Yocasta”. En los inicios de dicho texto, la autora hace una referencia a cómo en la tragedia “Edipo Rey” que Freud utiliza para explicar el desarrollo de las estructuras de la personalidad, se invisibiliza a su protagonista femenina. Ello a tal grado que habiendo leído (muy someramente) dicha tragedia años atrás, no vinculé el nombre Yocasta de forma inmediata con ella, caso contrario a Edipo.

Hablar de psicología es inevitablemente, en algún momento, hablar de Psicoanálisis. Aquella teoría que en pleno siglo XX fue polémica, revolucionaria y hasta ofensiva; aquella que años después, en pleno siglo XI es tan venerada como criticada. Sea como sea, el surgimiento de la teoría psicosexual que plantea Sigmund Freud es un hito en la historia de la Psicología. No representa nada menos que el descubrimiento del inconsciente. Hoy no imaginamos al ser humano sin esa oscura e intricada dimensión. Se habla pues de  S. Freud como “el padre del psicoanálisis” y es a partir de esta expresión coloquial que Olivier apunta ¡Claro! Nacido en una coyuntura de lujo para el sistema patriarca, el psicoanálisis tiene un padre,  no una madre. Está construido desde esa visión masculina. Visión masculina de lo masculino y de lo femenino. Habiendo apuntado  esto, desmenuzar al psicoanálisis y hacer un análisis de elementos patriarcales en él se hace necesario.

Me llama de sobremanera la atención cuando Olivier (1987) menciona que el psicoanálisis explica el inconsciente desde el de su creador y no es este más que el inconsciente de un pequeño burgués europeo en 1880. De ello rescato que más allá del machismo impreso en muchísimos de los constructos psicoanalistas, también la teoría misma se ve marcada por, como mencioné antes, una coyuntura; un tiempo y un espacio con características puntuales. Sabiendo que la subjetividad de cada persona se ve permeada por su contexto, así se trasladará este contexto a sus producciones; literarias, artístico visuales, académicas, etc.
Cabe recalcar que la historia de Freud persona, no Freud –padre del psicoanálisis- Está llena de altibajos. Altibajos inevitablemente plasmados en su teoría.
Volviendo al “inconsciente pequeñoburgues de S. Freud”, es aquí en donde me planteo la pregunta ¿Fue Freud una víctima del sistema? ¿Es Freud un victimario del sistema? Creo que las respuestas son sí y sí. Freud víctima se traduce a una visión limitada de las posibilidades de participación de las mujeres en los espacios públicos (un brillante trabajo realizado por las instituciones sociales escuela e iglesia), tradiciones culturales que le llevaron a conclusiones erróneas, tales como la poca capacidad de elaboración oral lógica y coherente por parte de las mujeres, en una sociedad en la que desde el nacimiento a las mujeres se les enseñaba a escuchar, no a hablar, una fuerte influencia eclesiástica en la represión de la sexualidad, etc.  Freud como victimario se traduce a: un investigador al servicio del sistema capitalista que es uno con el sistema patriarcal, un perpetuador de los modelos imperantes de relaciones de género a partir de la teorización y por ello normalización de las relaciones desiguales entre hombres y mujeres, un referente teórico trascendental en esta profesión que explica y justifica la opresión a las mujeres desde procesos inconscientes inamovibles, entre otros aspectos.

Citando a Ollivier: “ …como Eva sale de la costilla de Adán la sexualidad femenina sale de la libido masculina”. No es difícil (sólo es incómodo) notar que históricamente todo lo “femenino”  se ha subordinado a lo masculino. Las mujeres están, en todas sus dimensiones, al servicio de los hombres. Están en todas sus dimensiones para dar placer a los hombres. En la iglesia, en el estado, en la familia. Por dar placer me refiero, nuevamente, a esa connotación de servicio que acompaña a las mujeres en todo lo que hacen o –deberían hacer-. Por placer puedo referirme también a ese aspecto de la vida en el que los hombres tienen los derechos reservados. Ollivier (1980) menciona cómo el clítoris es no casualmente invisibilizado y se instituye que el placer erótico para una mujer sólo puede llegar a través de la estimulación vaginal; de la penetración. Menciona también que Freud describe al clítoris como masculino y la vagina como femenina. De esto pueden señalarse elementos androcéntricos como que la vinculación clítoris- masculinidad puede surgir a partir de que son los hombres quienes tienen un sacrosanto derecho de vincular su sexualidad al placer, mientras la vagina es femenina porque le es útil a los hombres. (las mujeres son útiles a los hombres), así como que la fuente de placer para las mujeres es externa, es falocéntrica. No me es inverosímil imaginar en una vitrina el título “La supremacía del pene” por S. Freud. Y es que el psicoanálisis sin temor incluye en su teoría conceptos como penisneid (envidia del pene) o renuncia al clítoris. Dr. Freud sírvase perdonar a esta histérica pero ¡ni renuncio a mi clítoris ni envidio su falo! En este sentido, en “Los hijos de Yocasta” hay un fenómeno que no puedo dejar de señalar: la autora critica a Freud su insistencia en la comparación entre lo femenino y lo masculino, con el fin de aseverar la superioridad de los hombres diciendo que existe envidia sobre aquello que es innegablemente masculino. Mientras, cita a Irigaray, quien propone que todo lo dicho respecto a la envidia del pene no es más que una proyección de Freud respecto a “la envidia del seno”. Este postulado se rige exactamente por la misma lógica comparativa y competitiva que a Freud se le critica. Personalmente, hablando de la relación psíquica masculina con los senos me oriento más al término añoranza, que envidia. Porque ¿Quién no añora ese vínculo nutricio que comparte con su madre a través de sus senos? Pero hablar de –envidia- querer lo que no se tiene; sentirse inferior por no tenerlo, es volver a lo mismo, a comparar en lugar de reconocer en qué se difiere. Para fundamentar esa inversión de papeles tanto Olivier como Irigaray  se refieren al arte y la literatura. De nuevo, no puedo evitar emitir una opinión que se aleja un tanto de lo postulado por las autoras. Creo que la presencia de los cuerpos femeninos en el arte va más allá de la “envidia” del seno de los escultores, poetas y pintores. Si bien hay verdad en ello, no puede obviarse que a lo largo de la historia patriarcal la mujer se ha visto reducida a eso; un cuerpo. Un cuerpo que es un –objeto- para admirar, un cuerpo sexualizado y erotizado un cuerpo que reproduce más cuerpos, o más mentes (si tuviera la mujer la dicha de dar a luz a un hombre), la belleza como uno de los elementos de ese místico “eterno femenino” la coquetería como la devoción a dicho cuerpo… Si el arte pintara a las mujeres como más que madres, amantes o prostitutas, si nos pintara como liderezas, científicas, guerreras, estrategas, etc, nos estaría pintando como iguales a los hombres, comparación no permitida bajo ninguna condición en este sistema. Basta con  indagar un poco en el arte subversivo, en el arte crítico, en el arte femenino; ese arte que no ilustra o poetiza el pensamiento androcéntrico, para refutar el planteamiento sobre la omnipresencia de la sexualidad femenina al servicio de la masculina en él.

Por otro lado, hablando nuevamente de cómo la Ciencia se encarga de dar validez al sistema patriarcal, Freud habla de un “Continente Oscuro” (no “negro”) cuando se refiere a la vida sexual de la mujer adulta.  Si bien Freud utilizó este término para reconocer que la vida sexual de la mujer adulta era para él un territorio desconocido e inexplorado, ha sido tergiversado para que se interprete así: “Sobre la sexualidad femenina se sabe poco porque es muy compleja; las mujeres están locas, son cambiantes e inestables, etc.” Entonces, cuando Olivier (1984) cuestiona a sus compañeros y compañeras analistas diciendo: “no se navega a diario a través del inconsciente de los dos sexos sin extraer algunas conclusiones sobre su modo de funcionamiento y su deseo” yo le digo: ¿y si se navega con las antojeras del psicoanálisis ortodoxo, burgués y patriarcal? ¿qué puede esperarse?

En el texto existen elementos que se contradicen entre sí. Más bien encontré que en una primera parte se critica a Freud y sus postulados androcéntricos, mientras más adelante se tratan de explicar desde el psicoanálisis moderno muchos fenómenos de opresión de género. Más que explicaciones, encuentro justificaciones. Algunas de ellas: “El hombre y la mujer participan de un acuerdo sobre una especie de distribución de papeles y funciones” ¿acuerdo mutuo o imposición dogmática? Respecto a la maternidad, “ella considera su vocación” ¿Vocación o aprendizaje social? “la maternidad paraíso perdido del hombre, que lo atormenta hasta el punto de que quiera ser su dueño y decidir de ella” ¿justificación del tutelaje sobre los cuerpos de las mujeres, satanización del aborto, injerencia del pensamiento de los hombres sobre la maternidad de sus compañeras…? Y respecto a esto me parecería interesantísimo leer un análisis realizado de aquí a 50 años, cuando las condiciones de vida hayan cambiado. Sobre la heteronormatividad, “la homosexualidad masculina es defensiva” ¿herramienta para culpabilizar a las madres? “la misoginia es culpa de las mujeres madres” ¿…?

Resulta enriquecedor agregar al análisis netamente psicológico que el libro presenta, los elementos que Marcela Lagarde (2001) esboza como “claves de autonomía, libertad e igualdad” la historicidad, la humanidad, el tiempo,  la equifonía… pues de no ser así, se corre el peligro de que el discurso cambie pero la práctica no; que se modifique la forma pero no el fondo. Revisar teorías tan arraigadas como el psicoanálisis es en extremo importante, porque salta a la vista que Freud no es sólo teoría, es TERAPIA y si no se le moderniza; es peligro patriarcal a Q300.00 la hora.

Si bien Olivier (1984) desmenuza magistralmente al psicoanálisis y desnuda sus más profundas contradicciones y elementos machistas al servicio del patriarcado, creo que es un texto escrito desde Francia, desde esa Europa tan avanzada en términos de cumplimiento de necesidades, que se puede dar el lujo de dar lugar a un estudio y acción sobre las condiciones sociales y de género de sus poblaciones. Esto se evidencia en momentos en los que la autora alude a la actual libertad de las mujeres sobre su erotismo, sobre la maternidad como decisión, etc. Realidades que no lo son del todo en Latinoamérica, no en Guatemala…
Pero universalmente el mensaje es claro: Yocasta sí forma parte de la historia, como elemento activo, no pasivo como se le considera. Así que las mujeres somos parte de la historia; somos historia, somos elementos activos y visibles.



-Olivier, Christiane. (1984).  Los Hijos de Yocasta: la huella de la madre. México: Fondo de Cultura económica.
- Lagarde, Marcela (2001) Claves feministas y nuevos horizontes. San José: DEI
- Martín Baró, Ignacio () Acción e ideología. El salvador: UCA
- Lamas, Marta. (1996) El género: la construcción cultural de la diferencia sexual.  México: PUEG
- Sófocles, Edipo Rey  Biblioteca Virtual Universal (pdf)


lunes, 9 de marzo de 2015

¿Feliz 8 de marzo?


¿Tonto el que no entienda?



Tonto el que no entienda:
cuenta una leyenda
que una hembra gitana
conjuró a la luna hasta el amanecer.
Llorando pedía
al llegar el día
desposar un calé[1].

“Tendrás a tu hombre piel morena
-desde el cielo habló la luna llena-
pero a cambio quiero
el hijo primero
que le engendres a él,
que quien su hijo inmola
para no estar sola,
poco le iba a querer.”

Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
Dime luna de plata
qué pretendes hacer
con un niño de piel.
Hijo de la luna.

De padre canela nació un niño
blanco como el lomo de un armiño,[2]
con los ojos grises
en vez de aceituna; niño albino de luna.
“¡Maldita su estampa!
Este hijo es de un payo[3]
y yo no me lo callo.”

Gitano al creerse deshonrado
se fue a su mujer cuchillo en mano
“¿De quién es el hijo?
Me has engañao fijo.”
Y de muerte la hirió.
Luego se hizo al monte
con el niño en brazos
y allí le abandonó.

Luna quieres ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer.
Dime luna de plata
qué pretendes hacer
con un niño de piel.
Hijo de la luna.
Y las noches que haya luna llena
será porque el niño esté de buenas;
y si el niño llora menguará la luna
para hacerle una cuna.
Y si el niño llora menguará la luna
para hacerle una cuna.

Casi con tristeza empiezo este análisis desde la perspectiva feminista al terminar el curso[4].  Quisiera empezar por compartirles que la canción me parece una historia muy bonita, en la que –como hacen las leyendas y los mitos–se nos explica un fenómeno natural y se nos cuenta una historia romántica y moral; la forma de esta canción me ha gustado mucho desde que la escuché allá en los noventas (aunque es de 1987, no creo haberla disfrutado por entonces).  El ritmo y la melodía compuestas por Nacho Cano y la dulce voz de Ana Torroja dieron a esta canción una forma bella (¿o sublime, Kant?), lo mismo me parece la versión de Sara Brightman (en el CD La Luna, del año 2000), una forma hermosa.  Mis vínculos afectivos con la pieza musical en cuestión se hicieron más fuertes al escucharla junto con Gabriel (el mayor de mis hijos) cuando él rondaba los seis años.  No sólo la escuchábamos, también la cantamos juntos algunas veces (principalmente la versión a ritmo de huapango que publicó Ana Torroja en el disco “Me cuesta tanto olvidarte”, de 2006).  Decía pues que, casi con tristeza me he decidido a revisar qué dice esta canción, a sabiendas que no volveré a escucharla igual… me propongo un análisis para mostrar lo que hay detrás de la forma bella y sospecho que algunas cosas no me gustarán. Espero que al leer esto logremos reconocer, en esta y en otras formas bellas, los mensajes que subyaciendo así, escondidos en la belleza, incorporamos sin darnos cuenta y de los que tomar conciencia es necesario para hacer de este mundo, uno mejor.

La historia es simple, no voy a repetirla si ya he transcrito su letra, pero veamos un pequeño análisis de los personajes y sus características, claro, desde la mirada pro feminista[5] que puedo asumir.





Un hijo: podemos empezar con él pues su participación en la historia es meramente pasiva, sin embargo, el título de la obra le reconoce como central.  Veamos un poco lo que se dice de él: ¡es hijo de la luna! Habrá que reconocer que sólo es posible afirmar esto desde la posición que propone que “madre no es la que engendra, sino la que cría”.  También se dice de él que “fue abandonado”, resalto de nuevo su pasividad en el relato, y noto además que abandonarlo es -en mucho -despreciarlo como persona.  Es el padre quien le abandona y eso lo analizo más adelante.  Por lo demás, el hijo, me parece un símbolo de la niñez en general (es un hijo/niño) que resulta pasiva ante el mundo adultocéntrico, y despreciada como niñez aspira llegar a la adultez para poder ser protagonista de su propia vida y del mundo/sociedad[6]; este imaginario implica que tampoco la juventud sea valorada como protagonista –incluso se considera una característica del ser joven la irresponsabilidad –sino sólo los adultos maduros.  A propósito del género: hijo/niño-varón.  No me parece que pueda obviarse que se hable de un varón, pero no voy a profundizar en el tema pues me parece que es uno de los más claros: en los patriarcados se prefieren los hijos varones y se desprecian las hijas mujeres  por razones que refuerzan el patriarcado.

La luna: resulta que la “lámpara nocturna[7]” es la antagonista en esta historia.  Con todo y su belleza, su deseo (muy fuerte) de ser madre y otros encantos de la luna –tal como suele aparecer en los relatos románticos (¿para mujeres?), y no en los libros de astronomía y otras ciencias (¿para hombres?) –aquí resulta que, al escarbar un poco en la historia y reconocer las características del personaje, es una “egoísta”, por un lado, porque pretende ser madre (como el ideal patriarcal de mujer) aún a cuenta de separar a la mamá (biológica) del hijo (humano).  Así entiendo el reclamo: “¿qué pretendes hacer con un niño de piel?”.

El ideal patriarcal de mujer representado por la luna lo podemos encontrar dibujado en otro verso, muy fuerte simbólicamente: “que no encuentras querer que te haga mujer…”.  Este verso muestra que en el dominante imaginario patriarcal una niña llega a ser mujer cuando cumple una de dos condiciones (al menos una) ser amante –se entiende tener relaciones sexuales –y ser madre.  Estas funciones sociales de la mujer (roles) resultan en dos imaginarios contrapuestos: la mujer sexuada, peligrosa porque disfruta su sexualidad y la comparte (la amante) y la mujer abnegada y amorosa, que expresa sus afectos con ternura, nunca con pasión (la madre).  En la canción aparecen ambas: por un lado la luna/mujer que quiere ser madre y la hembra gitana que desea ser amada; al aparecer así, nos muestran que estos deseos son (supuestamente) incompatibles en la mujer: debe escoger entre ser madre y ser amante, porque no podrá cumplir con los dos roles.  La sociedad patriarcal las orienta a resolver este dilema eligiendo la maternidad.

El rol de la maternidad, puede ser un legítimo deseo… recuérdese que ese legítimo deseo individual sólo puede ser legítimo porque ha sido legitimado.  Explico el trabalenguas: la luna/mujer en verdad tiene deseos auténticos de ser madre, pero esto no puede considerarse, en este momento de la historia –en este momento de la evolución natural y social humana –un “instinto maternal” o un “deseo natural”, ni un “llamado de la naturaleza”, sino una construcción social.  Es decir, ser mamá ya no es “natural” sino “cultural”.  Esta comprensión es al menos la que tengo luego de revisar que de nuestra vida, todas las funciones “naturales” han sido “culturizadas”; por fortuna en algunos casos, por desgracia en otros[8].  Quizá la cuestión no sea si se han culturizado o no, puesto que culturizar nuestras funciones, instintos y demás es precisamente lo que nos permite vivir en sociedad (o en comunidad), tal vez lo importante de reflexionar y transformar es en qué medida esa cultura permite hoy que las personas seamos quienes modelemos (personal/individualmente) el sistema social en que vivimos; y no resulte que tengamos que “adaptarnos” al sistema/modelo en que nacimos, que tengamos que “actuar” un guión prescrito socialmente.  En el tema de la maternidad, eso significa que no se “inspire” a las mujeres que la maternidad es el más bello rol, el único modo de ser mujeres plenas, que se les permita, enseñe y motive a decidir sobre su maternidad.

En función de cumplir el rol de la maternidad, la luna/mujer ha buscado “un querer”[9].  Es decir, para la luna/mujer lo importante no es el hombre-amante-pareja-proveedor, sino el niño, y aún más: no importa tanto el niño, sino su maternidad;[10] por ello, uso la palabra niño, y no la palabra hijo.  La luna/mujer ha puesto el sentido de su existencia en ser madre, siguiendo este argumento que se enseña a las mujeres en nuestra sociedad: ser ella es ser mujer, ser mujer es ser madre, entonces, ser ella es ser madre.  Ya no la llamaré luna/mujer, sino luna/madre. 

Al no encontrar hombre-amante-proveedor, la luna/madre se propone aprovechar sus “poderes divinos”.  Vale decir que como la luna/madre está buscando un deseo más legítimo que la hembra gitana (mujer/amante), pues ser madre es más legítimo en el sistema patriarcal que ser amante, la interpretación –que sospecho general –de la canción pinta como “mala” a la hembra gitana y de “buena” a la luna/mujer-madre.  Quisiera repasar el siguiente verso, porque me parece que es el que orienta el análisis que propongo: “que quien su hijo inmola para no estar sola, poco le iba a querer”.  Así que la narradora señala a la gitana/amante por “inmolar” a su hijo, pero olvida que quien exige la inmolación es la luna/madre (“desde el cielo habló la luna llena: <<pero a cambio quiero el hijo primero que le engendres a él>>”). La luna/madre, si acaso no es más responsable, al menos será igualmente responsable.

La doble visión que se muestra de la mujer, la dicotómica visión, las muestra como si la luna/madre fuera celestial y poderosa (divina) y la gitana/amante como inmoral/desamorada, porque se desprende de su hijo.[11]  Vemos, pues, cómo la Luna aparece como buena, aunque obra “tan mal” como la Gitana, o peor.

Un último aspecto de este personaje me permito analizar: la luna/madre es dependiente del niño: “Dime luna de plata qué pretendes hacer con un niño de piel.” La pregunta de la narradora muestra una dificultad para entender que la Luna pueda ser madre de “un niño de piel”.  Más allá de la interpretación literal de esta dificultad, me parece que la pregunta es por qué una madre puede atender a un hijo/niño que no es suyo; y la respuesta en nuestra sociedad es que las mujeres (al contrario de los hombres) pueden amar con facilidad, pero pueden amar “más” desde el rol de la maternidad.  Así pues, si la Luna pudiera responder, probablemente diría que va a “amarlo”.  Pero ojo, ese “amor de madre” que todo lo puede, lo perdona, lo acepta incondicionalmente (etc.) es un argumento que en nuestra sociedad provoca y justifica abusos y dependencias que afectan, principalmente, a las mujeres al mantener un sistema que las explota, incluso en el amor.  Así pues, el “tamaño” de la luna/madre depende del humor del niño, aún si el niño crece, la luna/madre seguirá atendiendo a sus demandas.

Una hembra gitana: podría argumentarse que es “una expresión”, quizá poética, pero el uso de la palabra “hembra” evoca una comprensión del componente biológico como de mayor importancia; según mi análisis esto acerca a la gitana a la naturaleza, alejándola del resplandor de divinidad que tiene la luna/madre, muy cerca de la división “primitiva” (o salvaje) versus “civilizada e ilustrada”, se introduce así la dicotomía buena/mala.  Por su puesto, la referencia a su etnia no puede considerarse tampoco mera poesía, pues pesa sobre el pueblo gitano una serie de prejuicios negativos que le asocia con la brujería y otras “malas costumbres”.  En la canción queda claro que la Gitana “conjuró a la luna”, es decir, practica la magia o hechicería (o alguna otra ciencia oculta) que evoca más bien un poder oscuro o tenebroso: “malo”.  En contraposición, la luna/madre tiene poderes divinos/celestiales, es decir “buenos”.

Me atrevo a decir que la división étnica y la asociación por un lado de la gitana con lo natural-primitivo y por el otro de la Luna con lo divino, podrían ser suficientes para que alguien asocie a la gitana con las “clases populares” y a la luna con la “realeza”, “nobleza” o “burguesía”.  Y esto me resulta fácil de comprender también, pues en general las clases étnicas, de clase y de género, no pueden desprenderse; son una red, un sistema de relaciones que se ha instalado y reproducido en las sociedades patriarcales casi siempre como un todo.

Retomaré el hilo anterior de la cuestión madre–amante, para decir que la hembra está asociada al rol de amante, precisamente para esta asociación se le ha mostrado como hembra, muy cercana a la naturaleza, a lo instintivo (claro que aquí no se refiere al instinto materno, sino al sexual), no es, pues, mujer/amante sino hembra/amante

Y finalmente, repasemos/repensemos este verso: el hijo primero que le engendres a él.  Las palabras de la luna/madre nos muestran otra realidad de la maternidad, que los hijos de las mujeres son para los hombres.  En este caso puedo entender que se trata de tener hijos para la sociedad, para el hombre-humanidad, que requiere mano de obra, que exige herederos y demás “recursos humanos”.  Vuelvo a cuestionar entonces la comprensión de la maternidad, no sólo en tanto a la decisión de la mujer de cuándo ser madre, sino también en tanto al cómo serlo: qué enseñar y cómo enseñarlo a sus hijos, adaptarles al sistema o desadaptarles del mismo para transformarlo, por ejemplo.  La sociedad expresa con mucha claridad la función social de la familia (incorporar a los hijos e hijas al sistema) y declara a la madre como principal responsable “del hogar”, responsabilizándola, por ejemplo porque al no estar en casa “descuida” a los hijos y las hijas, como si esa función fuera exclusiva de la madre, y como si “salir a trabajar” fuera una opción y no una imposición de determinadas circunstancias.  ¿Debe, entonces, la hembra gitana “engendrarle” un hijo a su calé? ¿las mujeres dan hijos a los hombres (o a la sociedad)?





Un calé: el único hombre de la historia (porque el niño “todavía” no es hombre y el payo es sólo imaginado) aparece en ella como un reflejo bastante claro del macho, del hombre patriarcal.  La canción nada refiere sobre sus sentimientos hacia la hembra gitana, en la sociedad patriarcal los sentimientos del hombre no son importantes, es más: no deben existir.  El hombre/macho es un ser racional, no es emotivo, es calculador. 

Ese hombre/macho “sabe defenderse”: es violento cuando es necesario; entiéndase cuando ve en peligro su poder, cuando es posible que no se cumpla su voluntad o que se vea reducida o “manchada” su imagen.  Valores como el honor (de él) o la justicia (para con él), la fidelidad (hacia él) etc. deben ser defendidos por cualquier medio, así lo muestra la canción: por amor, conveniencia, placer o por obra y gracia de la luna/madre el hombre/macho se une a la mujer/amante, pero de su unión (por obra de la luna/madre) resulta un niño que no se parece a él y el “gitano al creerse deshonrado se fue a su mujer cuchillo en mano”, la acusa: “este hijo es de un payo” ”, la juzga:  “me has engañado fijo”, y condena: “y de muerte la hirió”.  Este proceso tan sumario e injusto, que no le permite a ella ni la mínima defensa, se basa en un solo pensamiento: “al creerse deshonrado”

¿Tiene, el hombre/macho, razón al creerse deshonrado? Sí, en tanto podemos pensar que un hijo de “otra raza”, tan distinto fenotípicamente a él y a ella, suscitará dudas sobre la paternidad del gitano/macho; ahora bien, ¿esto es una “deshonra”? si bien las dudas son razonables, en este caso el hombre/macho/racional actúa irracionalmente, no busca explicaciones sobre las diferencias en los rasgos de su hijo, sino que las comprende de la única forma que la sociedad le ha enseñado a pensar: sospechando lo peor de la mujer.  La acusa, juzga y mata: ¡es un asesino irracional!

Veamos todavía más, la deshonra consiste -en la fantasía del hombre/macho –en que su pareja le fue infiel con otro hombre, pero a él poco le importa el otro hombre, sólo reconoce como culpable a su pareja, sin pensar –por ejemplo –en que ella pudo ser abusada.  Tal vez sería peor su reacción si pensara en esa posibilidad, pues a la luz de la sociedad patriarcal la violación habría hecho de ella menos mujer, menos persona, mancharía el honor de él y eso sería más grave que las consecuencias en ella.  Debería enfrentar públicamente que provee y protege a favor de un niño que no es suyo (a propósito uso la palabra niño, y no hijo).

Precisamente de esa vergüenza pública se esconde, huye, al abandonar al niño.  ¿Lo mató? No, pero sí.  Es decir, no lo asesinó, pero lo abandonó para que muriera –al menos para él; no interrumpe su vida, pero abandona sus responsabilidades de padre/macho, de proteger y proveer; es decir, niega su paternidad sobre el niño y le abandona, como si lograra reconocer que el niño es inocente y aunque le parece que no merece su amor o su cuidado, tampoco le parece justo asesinarlo.  Evade pues, cualquier responsabilidad: ni lo sacrifica, ni lo protege, sino lo rechaza, lo niega

Entiendo el abandono del niño, también como una forma de “deshacerse” del enemigo.  Por ejemplo, si decidiera entregar al niño a alguien (seguro a una mujer) estaría reconociendo de algún modo la deshonra, la traición.  Debe ocultar lo que ocurrió, porque le parece que lesiona su hombría/machismo.  Podrá librarse de la culpa del asesinato, pero no de la vergüenza de haber sido engañado.  No va a buscar al “payo”, porque eso significaría admitir que el payo existe.

El argumento legitimador de toda esta violencia del hombre/macho, es un valor tan ideal, tan abstracto, como el honor.  No se trata de dignidad, se habla del honor, de su “virilidad”, fue “herido” en su ego, no en su dignidad.  Sin embargo, la sociedad patriarcal legitima su actuar tan irracional, le daría la razón en un proceso legal (juicio) y quedaría exculpado, por haberse sentido traicionado (sin haberlo sido).

La narradora: finalmente, me parece que además de los personajes, hay que reconocer la voz de quién escuchamos para darle al mensaje su contexto y sentido más claros. Si bien la voz de Ana Torroja es la voz narradora, es quien canta la canción, se reconoce en la letra de la canción que es alguien más quien “cuenta la leyenda”.  Así, las leyendas como parte de la tradición oral de una sociedad resultan ser un discurso social.  Quiero decir que es la sociedad quien nos “cuenta la leyenda”.  Quiere darnos un rato de ilusión, una fantasía romántica sobre lo hermosa que es la luna y lo placentero de verle cada noche creciendo o menguando.  La narradora/sociedad quiere decirnos que hay dos tipos de mujer: la madre y la amante, la buena y la mala, María y Eva…
La sociedad nos está dando una lección de moral que indica a las mujeres sus roles, pero que ofrece la mejor parte a los hombres, y es tonto el que no entienda: abandona al fruto de la traición y no muestres tu debilidad, deshazte de quien te traiciona y de cualquier enemigo, al final [de la canción], la luna/madre estará llena si estás de buenas y menguará, se inmolará, si lloras.

Otra narradora: en la primera exposición que hice de este análisis, una compañera compartió su interpretación sobre quién narra[12].  Me hizo entonces perfecto sentido: la narradora sería la hembra gitana, que denuncia su injusto asesinato, pero no sólo el acto final que la llevó a la muerte, sino denuncia –con esta leyenda/canción –las injusticias del sistema, no sólo contra la mujer sino contra la humanidad como conjunto (las mujeres asesinadas, la niñez abandonada, las mujeres a quienes se les controla la sexualidad para la maternidad, los hombres cuyos sentimientos se niegan, cuyo actuar se violentiza).
Comparto esta interpretación, por ello en esa segunda publicación la he añadido, porque además de ampliar la reflexión, hace de la narradora no un agente de control sino una acción de denuncia, alivia el temor inicial de encontrarme con aspectos meramente negativos, y ayuda a reconocer que si estas reflexiones son posibles es que estamos haciendo un mundo mejor.




[1] “calé: adj. m. gitano, de raza calé”.  http://www.wordreference.com/definicion/cal%C3%A9
[2] “armiño m. Mamífero del orden de los Carnívoros, de unos 25 cm de largo, sin contar la cola que tiene ocho, poco más o menos; de piel muy suave y delicada, parda en verano y blanquísima en invierno, exceptuada la punta de la cola, que es siempre negra”. http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=armi%C3%B1o
[3] “payo: m. Campesino ignorante y rudo. Entre los gitanos, quien no pertenece a su raza.” http://www.wordreference.com/es/en/frames.asp?es=payo
[4] Me refiero al curso impartido por Gabriela Miranda, con apoyo de Mujeres Ixchel y la Fundación Friedrich Ebert Stiftung desarrollado de mayo a agosto de 2012, en Guatemala.
[5] No pretendo llamarme feminista, he optado por dejar esta reivindicación a las mujeres; en cambio, me parece más prudente reconocer que su lucha es tanto legítima como necesaria y que puedo contribuir a ella, pero que no puedo “tomar su lugar” por el hecho de no ser mujer y no haber vivido el mundo (y no poder hacerlo) como tal.  Por tanto, me identifico como pro feminista.
[6] Resulta que en sobremesa familiar, comentó casi como queja, una abuela de estos tiempos, que su nieta de tres años “escoge la ropa que se quiere poner” y agrega: “antes uno decidía y los vestía bien bonitos…” Se implica, pues, que ahora no se visten “bonito”.  Muestra este comentario que la niñez tiene ahora algunos espacios de decisión que “antes” no tenía, lo que no quiere decir que el mundo deje de ser adultocéntrico, pero muestra cómo se ha limitado a la niñez, valen estas preguntas ¿hasta qué edad se vestía/viste a la niñez? ¿en qué materias, ocasiones y entre qué opciones puede decidir? ¿y la juventud?
[7] Uso esta expresión para señalar que la luna se comprende como “mujer” por oposición (y no por complemento) al sol; él más poderoso, tiene luz propia, ella sólo brilla por la luz que él tiene.  Podemos ver la belleza de ella, pero a él no podemos verle directamente “por su poder” (como a Yahvé); etc.
[8] Otros ejemplos: comemos “tres veces al día” (o eso recomiendan a quienes podemos hacerlo) con cubiertos, evitamos “pedorrearnos” en público o tratamos de disimularlo, también se recomienda evitar ver a otras personas orinando, cortamos nuestro pelo según patrones estéticos culturales, interrumpimos o provocamos el sueño en función de ritmos sociales y no naturales. El deseo sexual y el sexo como tal, están cargados de simbolismos culturales; lo mismo una mirada o una sonrisa…
[9] Aprovecho a comentar una línea de análisis que no pude desarrollar en este trabajo: es posible entender que la luna se “aparee” con el sol, pero, puede ser que el amor entre ella y él sea prohibido: porque el sol es el padre de la luna (es quien le da la luz y el poder que tiene).  La idea puede parecer una interpretación exagerada, sin embargo, dado el falocentrismo del patriarcado y la consideración bastante común del sol como dios de mayor importancia que la luna, me parece –al menos –una interpretación posible.
[10] Véase de nuevo la pasividad del hijo/niño, no resulta importante en la historia sino por el deseo que la luna/mujer tiene de ser madre.
[11] En una sobremesa familiar se tachó de “desnaturalizada” a una mujer/mamá, porque cuando supo que su hijo fue cambiado en el hospital de maternidad del seguro social y que debía entregar al hijo que crió por dos años y recibir a su hijo biológico, aceptó la entrega (por orden del juez) pero se negó inicialmente a recibir a “su” niño.  Personalmente considero que la sobremesa al aparentemente preocuparse por el niño, “inmola” a la madre, prohibiéndole cualquier rechazo que si bien puede ser un rechazo al niño, también podría ser un rechazo a la situación; supongo que por lo menos, la situación debió provocarle mucha cólera y la separación una tristeza (mejor llamada duelo), ambas emociones podrían ser tan fuertes que la persona puede optar por disminuir sus ansiedades evitando (distanciando) una nueva relación.
[12] Por este aporte, que salvó la canción, quisiera dejar patente –también aquí –mi agradecimiento a Carolina Contreras.